martes, junio 10, 2008

El día 28 de mayo de 1905 nació el maestro GERMÁN CARO RÍOS, en San
Agustín . Ël seguramente HOY, como todos los días de su vida hubiera
querido homenajear a su querido pueblo y a su gente, con sentimientos
y en la acción. Por eso nos permitimos publicar uno de sus poémas más
sentidos a su pueblo.

LIMA 28 DE MAYO DEL 2008

AREA DE COMUNICACIÓN SOCIAL
ASOCIACIÓN DE RESIDENTES EN LIMA
MI PUEBLO QUERIDO :
MI HUAYOPAMPA

Hoz de plata, en trance
de segar de un sólo tajo,
el amplio, dorado maizal;
para hacinar de ricas mieses,
el granero, la sala y el corral.

Mi pueblo querido:
mi Huayopampa

Me froto los párpados de ver,
cómo, como haz crecido;
no sólo crecido: transformado.
Yo digo que eres y que no eres;
a pesar que juntos hemos andado,
largo trecho del mismo camino.

Mi pueblo querido:
mi Huayopampa

Pueblo de labriegos que aran,
cantando su querido andén;
que detesta a el latifundio,
y la dolosa explotación.
Que ama de veras al trabajo,
la firme y creadora unión.

Mi pueblo querido:
mi Huayopampa

Cada día más verde y florido;
hasta tus rebeldes laderas,
saturados de chirimoyos y manzanos;
donde la sinfonía de avecillas mil,
alaban en cada aurora,
la fruta madura y los granos.

Mi pueblo querido:
mi Huayopampa

Haz cambiado tu indumentaria,
de retazos de cañas huecas,
para salir airoso jineteando,
tu caballo por las calles y campos,
llenos de luces y verdor,
llevando tu china de vueludo rizo.

Mi pueblo querido:
mi Huayopampa

Yo llegaré contigo,
agitando mi rojo corazón cholo,
sobre el lomo de mi hoz y mi quena,
a forjar un pueblo libre;
lugar donde todo será ternura,
donde la democracia no será mentira.

Mi pueblo querido:
mi Huayopampa.

Nota: original en Cuaderno N°3 de poesías de GECARI,
pags.84 al 87 y 110,112 y 133

miércoles, mayo 28, 2008

¿Es Bélgica un Estado de Derecho? ¡No!
Por Serge N. Fosso

Buenos días. Envío este mensaje desde Mons, en Bélgica. Llegué aquí ayer, 26 de abril de 2008 pocos minutos después de haber sido expulsado violentamente del vuelo SN Bruselas Air Lines con destino a Kinshassa, vía Douala y encerrado en un calabozo en el aeropuerto de Bruselas desde las 11 a las 22 h., sin comer, ni beber y sin poder ponerme en contacto con mi familia.

Resumen:
Estamos a 26.04.2008 y salgo de vacaciones hacia Camerún. Voy a Clichy, en taxi, a las 5,30h. hacia el Charles Degaulle 1. Saldré de París hacia Bruselas a las 7,40h. en vuelo de SN Bruselles Air Lines y debo tomar una conexión hacia Douala a las 10,40h. en el aeropuerto de Bruselas.

Soy bien recibido por las azafatas a mi entrada al avión, entre las 10 y las 10,45, busco mi asiento, el nº 41H que se encuentra hacia el fondo del avión. Cuando llego, hay al fondo del aparato, en la última fila, unos hombres vestidos de gris y que tratan de controlar a un hombre negro que se debate y grita: 'Socorro, déjenme no quiero marcharme'. Los hombre de gris tratan de impedir que hable tapándole la boca. El joven se revuelve y continúa gritando con los cuatro colosos de gris sobre él. Otros policías de civil han establecido un perímetro de seguridad y nadie puede ir hacia el lugar donde se desarrolla el drama que presenciamos.

Me doy cuenta de que se trata de una expulsión. El hombre al que se expulsa sigue sometido y asfixiado y da gritos que ya no se entienden bien. Recuerdo entonces el caso de Semira Adamu, la joven nigeriana que murió en septiembre de 1998, hace ya 10 años, durante una expulsión similar a ésta en un avión de Sabena.

¿Qué debo hacer?¿quedarme sin decir nada como los demás o actuar?

Como militante de los derechos humanos y de los extranjeros, me levanto y protesto ante la azafata más cercana a mi, diciéndole, con firmeza y en voz alta, que estamos en un vuelo comercial y que no quiero viajar en estas condiciones. Otros pasajeros que hasta ahora no habían dicho nada, se levantan y protestan también. Y filmamos la escena con nuestras cámaras fotográficas. Ante esta protesta general, los hombres de gris abandonan el avión con su pasajero. Unos minutos más tarde suben al avión unos policías y los policías de civil señalan a tres personas, entre ellas a mi. Los policías nos piden que bajemos del avión y cuando pregunto por qué se lanzan sobre mi, me esposan y me golpean, estoy sangrando, me arrastran por el pasillo del avión y después por la escalera hasta lanzarme dentro de un furgón de policía, sin mis dos maletas que están en la bodega del avión y sin mi maletín de mano. Tengo algunos golpes en el rostro y las manos heridas por las esposas. Dentro del furgón me doy cuenta de que uno de los policías tiene mi cámara fotográfica y está mirando las tomas de la escena del avión. Empieza para mi una larga y dura jornada bajo los insultos y los malos tratos de los policías que me llevan a un calabozo del aeropuerto de Bruselas.
A las 13,35 la policía nos libera. En ese momento somos dos, otro camerunés que estaba en el grupo de los tres expulsados y yo. No volví a ver al tercero, un hombre blanco. En el momento de nuestra liberación, la policía nos informa que durante los seis próximos meses no viajaremos más en la compañía SN Bruxelles Air Line. Cuando preguntamos cómo hacer para ir a Camerún, se nos dice que preguntemos a la compañía. Allí nos dirigimos mi compañero de infortunio y yo. Preguntamos por un responsable de la compañía y nos indican que el responsable de seguridad de la compañía llegará enseguida. Esperamos. Yo pienso en mi hija pequeña que me espera en Douala con impaciencia y entusiasmo y que va a sufrir una gran decepción cuando no me vea. Estoy enfadado, muy enfadado.

Llega la responsable de seguridad de la compañía y nos informa de que los dos hemos sido fichados en la lista negra (no blanca) de la compañía y que no podremos viajar con ella durante los próximos seis meses. Le pregunto que cómo haremos para llegar a Douala. Me responde que es asunto nuestro y que la compañía no nos devolverá el dinero del pasaje. Después de esto monto en cólera y subo el tono de voz y le digo a esta señora que no tengo ningún problema en no volver a viajar nunca con la compañía SN Bruxelles Air Line pero que quiero volver a París y, sobre todo, que me devuelvan mi dinero porque la compañía no ha cumplido con su contrato. Mi tono se eleva, pero con cortesía.

La gente nos mira. La mujer llama a la policía y me vuelven a llevar al calabozo, esta vez sólo. Allí permaneceré hasta las 22h., sin comer, ni beber, ni contactar a mi familia. Finalmente mi sobrino que vive en Mons es contactado y llega entre las 21 y las 22h. Los policías me informan de su presencia y me indican que soy libre de ir con ellos. Les digo que no comprendo por qué he sido encerrado durante todo el día en aquellas condiciones y que no quiero marcharme sin una solución a mi problema: viajar a Douala o regresar a París y que se me devuelva mi dinero. Explicaciones de unos y otros. Los policías quieren que yo abandone el calabozo y yo me quedo lo que, evidentemente, no les gusta. Al fin deciden sacarme por la fuerza, devolviéndome mis cosas que yo me niego a recoger. Uno de ellos me amenaza, me coge por el cuello, me empuja hacia la oficina y me tira mis cosas a la cara. Yo me voy sin recogerlas. Mi sobrino y su esposa se reúnen conmigo.

Estoy cada vez más enfadado por lo que está sucediendo. Les pido que se vayan a casa pero, evidentemente, se niegan. La esposa de mi sobrino habla con uno de los policías quien le entrega mis cosas y le informa sobre las gestiones que debo hacer. Ella vuelve con mis cosas pero me faltan las gafas de sol, Ray Ban, además de las escenas filmadas en el avión que han sido borradas de mi cámara seguramente por los policías que me detuvieron. Han destruido las pruebas pero, afortunadamente, otros viajeros filmaron la escena.

Sigo estando muy, muy enfadado, pienso en mi hijita por quien tomé excepcionalmente estas vacaciones, y estoy enfadado porque los últimos días fueron duros desde el punto de vista profesional, física y moralmente. Estoy muy enfadado porque generalmente soy una persona tranquila, educada y sobre todo no violenta. Pero todo este día he sido tratado con desprecio y violencia sólo porque en un momento dado he sido la voz de un desgraciado que no tenía voz, porque, al protestar en el avión, trataba de ayudar a un ser humano que estaba siendo maltratado y que pedía ayuda. Estoy muy enfadado porque estoy cansado y quería tomar unas semanas de vacaciones y pasar un poco de tiempo con mi hija. Y no se cuando ni como iré a Camerún. En el momento en que escribo, no se dónde están mis maletas.

Mi sobrino y su esposa me convencieron con paciencia para que me fuera a su casa en Mons. Pedimos un atestado en el que se indicara que estuve encerrado entre las 11 y las 22h. Y el policía tuvo la amabilidad de darme uno en neerlandés.

Llegamos a Mons poco después de la medianoche. Me dolía todo, la cara, los brazos los dedos, la espalda y tenía mucha hambre, pero comí sin apetito y me fui a la cama. Esta mañana estoy un poco más tranquilo. Todavía me duelen los dedos, los brazos y la cara. Quiero ir a Bruxelas para que se me diga oficialmente que estoy en la lista NEGRA de la compañía, que no viajaré nunca más con esta compañía y que no van a devolverme mi dinero. Espero encontrar mis maletas en el mismo estado en que se las confié a la compañía. Va a empezar otra dura jornada ¿cómo terminará? Por ahora no se. Lo único que se es que no será fácil porque no pienso dejar pasar esta historia sin hacer nada. Voy a hacer un llamamiento a testigos y emprender una demanda contra SN Bruxelles Air Lines. Ya veremos..

Por favor, difundir este mensaje todo lo posible y hasta pronto.

Mi lucha continúa.

Serge N. FOSSO
sfosss_2000@yahoo.com 00 33 6 26710385

Texto traducido por Remedios García

P.S: Cinco días más tarde, el 1 de mayo de 2008, aprendíamos con tristeza que el camerunés de 32 años que habían tratado de expulsar, Ebenizer Folefack Sontsa, se había ahorcado en los servicios del centro penitenciario de Merksplas, en Flandres. El Sr. Alexis Deswaef, abogado del Sr. Sontsa, acusa a las autoridades de ser las responsables de la muerte del joven africano.

Africando - Betece

martes, mayo 27, 2008

ciudad

de pantalones
irreverentes
sin basta
rotos
y con libertad

de barrios
esquinas
espacios verdes
bodegas ochenteras
pelos largos
proyectos alternos
y cervezas

de gente que amanece
a horas insospechadas
dormidos en el parque
o sobre un murito

de dealers
conversas efímeras
que dejan mis bolsillos
llenos de mariguana
no sin antes
tratar de engañarme

por poquito los descubro

a veces no

de gente auténtica
que va frente a frente
por las mismas calles
pero a veces
no se quiere ver

de elementos en transición
peculiar personalidad
en cada barrio
clubs y asociaciones
conversaciones
energía compartida

la casa de todos
desde el primer día

de espacio abiertos
propuestas
a ver qué hacemos
con ésta nuestra casa
dónde ponemos
nuestros ideales

de repeticiones
movimiento
en un momento histórico
de hacer pausa
de poner juntos
el sistema en cuestión

de pesadillas
de despertarme
en otro lugar
que no sea aquí

felizmente
hoy amanecí en berlín
Ladilla de aeropuertos

Ultimamente se me ha dado por joder a los de migración en el aeropuerto. Será porque me cansé que ellos me hayan agarrado de lorna y me sigan discriminando desde que comencé a viajar.

Primero fue en un aeropuerto en Canadá. Viajaba a Estados Unidos. Era un aeropuerto pequeño. No había casi gente. La chica que esperaba en migración se le veía aburridisíma, como que no mucha gente pasaba por ahí. Desde lejos ya la había visto esperándome y se le notaba risueña. Era bastante joven, estaría en el principio de los 20s.

- Dígame. Trae consigo bombas o alguna forma de explosivos - me dijo, con una sonrisa pícara.

La pregunta era ciertamente risible, pero aparentemente parte del protocolo. Tal vez en Washington o Nueva York uno puede tomar una pregunta así con algo de seriedad. Pero estabamos en un pueblito canadiense y en un aeropuerto casi desierto. En estos lugares la vida es relativamente sana. No pasa mucho, la gente es paz y amor.

Podía imaginarme las conversaciones de la chica con sus amigos en el bar de la única calle con vida nocturna del pueblo. No eran precisamente sobre bombas humanas y el riesgo de atentados terroristas provenientes de Irán. Imagino, por eso, que para ella misma plantear una pregunta así a cada uno de los escasos pasajeros debía ser una tarea, por decir lo menos, extavagante. Por eso la sonrisa en su expresión al realizar la pregunta.

Yo traté de ocultar mi risa.

- Bueno, sólo un par de bombas y unas cuantas dinamitas - le contesté, con una seriedad absoluta. No lo pensé mucho. De hecho me salió casi automáticamente. Fue lo único que atiné a responder frente a tan provocadora pregunta.

Inmediatamente después me di cuenta que estaba frente a migraciones de Estados Unidos. Aparentemente Canadá tiene un convenio con Estados Unidos para que el control migratorio para los que viajan a Estados Unidos se haga en Canadá. Así seguro se ahorran costos.

Entonces, las consecuencias de mi respuesta podían ser graves. La chica cambió repentinamente su expresión. De la sonrisa risueña pasó a una seriedad sepulcral.

- Haré como que no te he escuchado. Lo que me has dicho te podría causar muchos problemas.

Se le notaba ofuscada. Como que no sabía si seguir el protocolo o el sentido común. Aproveché para aclarar las cosas.

- No mira. Ha sido una broma. Por su puesto que no es así. Sólo que fíjate lo que me estás preguntandome también. Es como una provocación. Lo siento, pero no me pude resistir.

- Por esta vez, haré como que no me has dicho nada. Pero este tipo de bromas son inaceptables.

Felizmente no pasó a mayores. Me dejó pasar e incluso nos despedimos con una sonrisa.

La segunda vez fue hoy por la mañana, a mi llegada a Berlín.

A la salida del aeropuerto Tegel en Berlín hay dos policías que hacen control de pasaporte y visas. El problema es que no controlan a todos. La gente de tez blanca y rubia pasa como en su casa. Detienen casi exclusivamente a los de tez más morena. Ya me he parado varias veces a ver como seleccionan basándose en la raza.

Por supuesto, así ellos se ahorran tiempo y dinero. Y seguro no pierden mucho en efectividad. Pero para uno que acaba de recoger sus maletas, viene de un largo viaje, y sale a la ciudad donde vive no le cae mucho en gracia que el control sea discriminatorio, a dedo. A mí particularmente me recuerda a algunas discotecas limeñas a las que no me dejaban entrar. Entonces me parece que o controlan a todos o a ninguno. Varias veces había pensado en decírselos, pero sólo hoy me atreví.

- Hágase a un lado. Pasaporte por favor -me dijo uno de los dos policías. Haciéndome a un lado para comenzar el control.

Mientras, a mi lado pasaban varios viajeros sin ser controlados. Yo era el único al que habían parado. Los demás pasaban sin que se les pregunte nada. La diferencia era obviamente la raza. Esto no era nada nuevo.

- Qué interesante la manera como controlan ustedes -le dije. Preparándome para decirle algo más. Pero él me interrumpió.

- Es usted ciudadano canadiense?.

La pregunta surgió porque llevaba puesto un polo con la bandera de Canadá. Un regalo de unos amigos canadienses en mi despedida de ese país.

Le contesté que no y por ende, no se pudo ahorrar el control. Le entregué mi pasaporte y seguí.

- Oiga, pero mientras me controla a mí se le está pasando toda esta gente - le dije sarcásticamente.

Hacía referencia a todos los que pasaban por mi lado sin ser controlados. Era obvio que no estaba interesado en controlarlos. Pero, no me contestó. Siguió revisando mi pasaporte.

- Dígame, aquí el control siempre es así?

- Cómo "así"?

- Es decir, racial. La selección es obviamente racial pues - le increpé.

La expresión le cambió abruptamente. El color de la cara también. Le comenzó a subir la sangre.

- Este es mi trabajo señor -me dijo. Sin poder ocultar su molestía ante mi comentario.

Su respuesta tampoco era nueva. Es la respuesta fácil y clásica para evitar una pregunta incómoda.

- Claro, por eso mismo le pregunto. Como usted es el responsable, tal vez me puede informar. Es sólo una curiosidad.

- Gracias por recordarme cuales son mis responsabilidades - su rostro ya estaba rojo y su tono de voz era alto. Estaba muy molesto.

- Cuál es su destino final?

- Berlín. Acá vivo - le contesté.

- Ah acá vive - dijo sorprendido y como sintiéndose burlado. Seguro preguntándose por qué no habíamos hablado alemán desde un comienzo.

- Entonces podemos hablar alemán - agregó en su idioma.

Hasta ese entonces habíamos estado hablando inglés, idioma que él hablaba con bastante dificultad. Me dirigí a él en inglés porque regreso de Estados Unidos y es el idioma que tengo en la cabeza, pero principalmente porque no me gusta hacerle las cosas fáciles a los de migración. Ellos nunca me las han hecho a mí.

- Habla usted alemán? - me preguntó.

Le contesté en alemán que sí y seguimos hablando en su idioma.

El estaba ahora rojo como un tomate.

- Mire. Deben controlar a todos o a ninguno. Pero que hagan este tipo de control racial se ve muy mal.

- Gracias por recordarme mi trabajo pero su comentario es inecesario, ok? - dijo muy molesto.

- No se moleste - le dije sonriendo. Pensando además que algo tenía que estar mal para que se moleste tanto.

De pronto me di cuenta que teníamos espectadores atrás. Un grupito de gente. Entre ellos, algunos de los estudiantes de mi programa, que no sé que pensarán de mí.

- No lo molesto más. Sólo quería aclarar esto. Si estuviese en mi lugar, tal vez me entendería - le dije finalmente.

El me entregó mi pasaporte y me fui.

- Adios -dijo en español cuando yo ya había pasado.

Me sentí satisfecho luego del incidente. Luego se acercaron algunos a preguntarme que había pasado. No les di explicaciones, les dije que nada, una tontería.

Voy a repetir la fórmula siempre que pueda. Pienso que muchos de los que trabajan en estos puestos no se han enterado lo que hacen o prefieren no pensar en ello. Esta forma pacífica y divertida de protesta es un recordatorio.

Foto: http://www.cartoonstock.com/.

domingo, mayo 25, 2008

parásito

a ti te temo
cuando comprendo
que sin ti estoy solo
arrinconado
esperando
ser descubierto

en cambio tú
sabes
abrir tus puertas
compartir
modular tu voz
y tus risas

vivir sin mí