viernes, marzo 18, 2011
sábado, marzo 05, 2011
5 de marzo
Un día como hoy hace 6 años llegué a Alemania. Mi avión llegó de Madrid a Colonia. Había estado en Madrid con mis papás y conociendo un poco España. Llegando a Colonia tenía que tomar el tren para viajar a Berlín. Era comienzo de fin de semana. Lo había planeado así para viajar con el Wochenende ticket. Nunca antes había estado en Alemania, no sabía tampoco una pizca de alemán. Las instrucciones sobre como viajar, donde tenía que llegar, me las había dado César, un amigo que vivió antes en Berlin. De hecho, fueron sus aventuras las que me llevaron a venir acá. Yo vivía en Canadá y tenía muchas ganas de tener una experiencia europea. Lo de las ganas de la experiencia europea, en general, se lo debo a varios escritores latinoamericanos que leí en mi adolescencia en México. Desde mis 13 o 14 años soñaba con algún día vivir en Europa.
Lo que para ellos fue París, para mi fue Berlín.
No pensé que me terminaría quedando a vivir en este país. Inicialmente fue sólo una aventura, luego fui encontrando razones para quedarme. Esto es algo que no ha terminado. Incluso ahora sigo preguntándome cuánto tiempo más me quiero quedar acá. Las respuestas cambian dependiendo el día. A veces pienso que quiero emigrar a otro lugar pronto, a veces me imagino muchos más años en este país. Hoy mismo me siento muy contento de estar acá. No cambiaría por nada la experiencia que he tenido y no tengo prisa de partir. Imagino que luego llegará el momento de ir a otro lugar, pero no será este año. También porque a veces pienso y si no es acá, dónde. No se me ocurre otro lugar a donde ir fuera de Alemania. Supongo que sería dentro de Europa, pero dónde entonces, España, Italia, Inglarerra? No sé. A veces pienso en Inglaterra, pero más que nada por una cuestión profesional, no porque me encantaría vivir allá, ni siquiera conozco.
En estos 6 años pasé mucho. Me he sentido deslumbrado a mi llegada a Berlín, iluso de haber creído que el mundo fuera de Latinoamérica era todo como Canadá o Estados Unidos, encontrando gente con la que conectaba como nunca antes; luego sobreadaptado, intentando rechazar todo lo que tenía que ver con mi idioma, teniendo sólo amigos alemanes, hablando sólo en alemán, sintiendome integrado en la sociedad, aspirando a pensar, ser, totalmente, un berlinés, es más, no uno cualquiera, uno del este; luego de haber llegado, según yo, a rozar ese estado y volverlo parte de mi cotidianidad, entonces, aburriendome, sientiendo, ya lo conocí y ahora qué; entonces, poco a poco regresando a mi idioma, pero reinventado, con menos emoción respecto a lo alemán y a mi propio idioma; luego mudándome a Hamburgo para cambiar mi vida totalmente, odiar Hamburgo, putear, quejarme de lo aburrido de mi vida; y finalmente, ahora, menos integrado que en Berlín, más tranquilo, enfocado en mi trabajo, pasando a veces mucho tiempo sin hablar o escuchar alemán, como si estuviese en otro país, pero conociendo poco a poco un par de buenos amigos, por mi barrio y en el trabajo, con los que disfruto mucho de los buenos momentos.
Seis años cumplidos.
Un día como hoy hace 6 años llegué a Alemania. Mi avión llegó de Madrid a Colonia. Había estado en Madrid con mis papás y conociendo un poco España. Llegando a Colonia tenía que tomar el tren para viajar a Berlín. Era comienzo de fin de semana. Lo había planeado así para viajar con el Wochenende ticket. Nunca antes había estado en Alemania, no sabía tampoco una pizca de alemán. Las instrucciones sobre como viajar, donde tenía que llegar, me las había dado César, un amigo que vivió antes en Berlin. De hecho, fueron sus aventuras las que me llevaron a venir acá. Yo vivía en Canadá y tenía muchas ganas de tener una experiencia europea. Lo de las ganas de la experiencia europea, en general, se lo debo a varios escritores latinoamericanos que leí en mi adolescencia en México. Desde mis 13 o 14 años soñaba con algún día vivir en Europa.
Lo que para ellos fue París, para mi fue Berlín.
No pensé que me terminaría quedando a vivir en este país. Inicialmente fue sólo una aventura, luego fui encontrando razones para quedarme. Esto es algo que no ha terminado. Incluso ahora sigo preguntándome cuánto tiempo más me quiero quedar acá. Las respuestas cambian dependiendo el día. A veces pienso que quiero emigrar a otro lugar pronto, a veces me imagino muchos más años en este país. Hoy mismo me siento muy contento de estar acá. No cambiaría por nada la experiencia que he tenido y no tengo prisa de partir. Imagino que luego llegará el momento de ir a otro lugar, pero no será este año. También porque a veces pienso y si no es acá, dónde. No se me ocurre otro lugar a donde ir fuera de Alemania. Supongo que sería dentro de Europa, pero dónde entonces, España, Italia, Inglarerra? No sé. A veces pienso en Inglaterra, pero más que nada por una cuestión profesional, no porque me encantaría vivir allá, ni siquiera conozco.
En estos 6 años pasé mucho. Me he sentido deslumbrado a mi llegada a Berlín, iluso de haber creído que el mundo fuera de Latinoamérica era todo como Canadá o Estados Unidos, encontrando gente con la que conectaba como nunca antes; luego sobreadaptado, intentando rechazar todo lo que tenía que ver con mi idioma, teniendo sólo amigos alemanes, hablando sólo en alemán, sintiendome integrado en la sociedad, aspirando a pensar, ser, totalmente, un berlinés, es más, no uno cualquiera, uno del este; luego de haber llegado, según yo, a rozar ese estado y volverlo parte de mi cotidianidad, entonces, aburriendome, sientiendo, ya lo conocí y ahora qué; entonces, poco a poco regresando a mi idioma, pero reinventado, con menos emoción respecto a lo alemán y a mi propio idioma; luego mudándome a Hamburgo para cambiar mi vida totalmente, odiar Hamburgo, putear, quejarme de lo aburrido de mi vida; y finalmente, ahora, menos integrado que en Berlín, más tranquilo, enfocado en mi trabajo, pasando a veces mucho tiempo sin hablar o escuchar alemán, como si estuviese en otro país, pero conociendo poco a poco un par de buenos amigos, por mi barrio y en el trabajo, con los que disfruto mucho de los buenos momentos.
Seis años cumplidos.
domingo, febrero 20, 2011
Boston Common at Twilight
Recién me llegó un poster con esta pintura con la imagen del parque Boston Common a fines del siglo XIX. La pintura está en el Museo de Bellas Artes de Boston que pude visitar en los días de Navidad. Me encantó y me compré el poster en la tienda del museo. Pero luego a mi regreso me lo olvidé en la sala de espera antes de tomar el avión. Tuve mucha mala suerte con mi regreso (que raro). Me agarró una tormenta de nieve. Cancelaron todos los vuelos menos el mío. Eso no daba buena espina. Entramos al avión, nos estuvieron paseando un rato y al final el piloto dijo que mejor regresabamos a la sala porque la visibilidad era muy mala. Todo un estrés. Tuvimos que regresar y siendo un avión grande todo demora, la entrada y la salidad. Bueno, al final no salimos ese día y pasamos la noche en un hotel cercano, lo usual. Al otro día salimos y yo estaba muy cansado y aturdido, entonces olvide el poster en la sala de espera y sólo me di cuenta cuando entré al avión y me senté. Me dio mucha rabia. Pero pensé, no me quedo con el pendiente. Llegando a Hamburgo lo primero que hice fue comprarlo por internet.
La pintura es de Childe Hassam, pintor impresionista bostoniano. Me gusta porque me hace fantasear sobre el pasado. ¿Como habrá sido aquella Nueva Inglaterra? La vida en los barrios emergendes de Back Bay y el South End que Childe retrataba. La arquitectura victoriana de edificios cafés que se ve en la pintura y que es tan característica de Boston. La calle Newbury en Back Bay está llena de este tipo de edificios cafés, con muchas tiendas de ropa y restaurantes. Caminaba por ahí con la nieve en Diciembre y realmente se sentía el ambiente de la Navidad. Las veces que he ido a Boston ha sido siempre con nieve. Por eso será también que me gusta la pintura. Porque así me lo imagino. Además la naturaleza, el parque, la nieve. Son cosas de alguna manera inmutables. Estuvieron antes allí y perduran. Mucho ha variado de lo que vemos nosotros ahora y ellos veían antes, pero la naturaleza es más o menos la misma.
En el Museo de Bellas Artes también hay pinturas de Copley, otro pintor bostoniano, de hecho, hay una estación de metro y un centro comercial que llevan su nombre en la ciudad. Copley es anterior a Childe y es probablemente el pintor más importante de la época de la colonia. Copley y Childe tuvieron su etapa europea, Copley en Inglaterra y Childe en París. Copley vivió allí hasta sus últimos días; Childe regresó a Estados Unidos y murió en Nueva York. Parece que en la época era usual entre muchos pintores viajar a Europa para continuar su educación. También era común para algunas familias de la aristocracia bostoniana viajar a Europa y retratarse con pintores bostonianos radicados allá. Copley hizo varios de estos retratos, uno de ellos es el de Samuel Adams.
Samuel Adams también es la marca de una conocida cerveza bostoniana. Ahora que estuve en Boston visité la cervecería en el barrio de Jamaica Plain, donde vive mi hermano. Nos hicieron el tour y probamos varios tipo de cerveza. Y bueno, la cerveza hace honor a Samuel Adams, un político bostoniano importante para el Motín del té y en general para la rebelión americana frente a los britanicos. Orgullo de la ciudad y el país, entonces. Igual que la cerveza.
Un poco de historia para darle más sentido al presente...
Para terminar. ¿Qué hago con el poster? Bueno, hay un negocio en línea donde compro el marco, el cartón que va atrás y el vidrio que va adelanté a la medida que quiero y con eso luego puedo hacerlo tipo cuadro. Es muy sencillo y barato.
Recién me llegó un poster con esta pintura con la imagen del parque Boston Common a fines del siglo XIX. La pintura está en el Museo de Bellas Artes de Boston que pude visitar en los días de Navidad. Me encantó y me compré el poster en la tienda del museo. Pero luego a mi regreso me lo olvidé en la sala de espera antes de tomar el avión. Tuve mucha mala suerte con mi regreso (que raro). Me agarró una tormenta de nieve. Cancelaron todos los vuelos menos el mío. Eso no daba buena espina. Entramos al avión, nos estuvieron paseando un rato y al final el piloto dijo que mejor regresabamos a la sala porque la visibilidad era muy mala. Todo un estrés. Tuvimos que regresar y siendo un avión grande todo demora, la entrada y la salidad. Bueno, al final no salimos ese día y pasamos la noche en un hotel cercano, lo usual. Al otro día salimos y yo estaba muy cansado y aturdido, entonces olvide el poster en la sala de espera y sólo me di cuenta cuando entré al avión y me senté. Me dio mucha rabia. Pero pensé, no me quedo con el pendiente. Llegando a Hamburgo lo primero que hice fue comprarlo por internet.La pintura es de Childe Hassam, pintor impresionista bostoniano. Me gusta porque me hace fantasear sobre el pasado. ¿Como habrá sido aquella Nueva Inglaterra? La vida en los barrios emergendes de Back Bay y el South End que Childe retrataba. La arquitectura victoriana de edificios cafés que se ve en la pintura y que es tan característica de Boston. La calle Newbury en Back Bay está llena de este tipo de edificios cafés, con muchas tiendas de ropa y restaurantes. Caminaba por ahí con la nieve en Diciembre y realmente se sentía el ambiente de la Navidad. Las veces que he ido a Boston ha sido siempre con nieve. Por eso será también que me gusta la pintura. Porque así me lo imagino. Además la naturaleza, el parque, la nieve. Son cosas de alguna manera inmutables. Estuvieron antes allí y perduran. Mucho ha variado de lo que vemos nosotros ahora y ellos veían antes, pero la naturaleza es más o menos la misma.
En el Museo de Bellas Artes también hay pinturas de Copley, otro pintor bostoniano, de hecho, hay una estación de metro y un centro comercial que llevan su nombre en la ciudad. Copley es anterior a Childe y es probablemente el pintor más importante de la época de la colonia. Copley y Childe tuvieron su etapa europea, Copley en Inglaterra y Childe en París. Copley vivió allí hasta sus últimos días; Childe regresó a Estados Unidos y murió en Nueva York. Parece que en la época era usual entre muchos pintores viajar a Europa para continuar su educación. También era común para algunas familias de la aristocracia bostoniana viajar a Europa y retratarse con pintores bostonianos radicados allá. Copley hizo varios de estos retratos, uno de ellos es el de Samuel Adams.
Samuel Adams también es la marca de una conocida cerveza bostoniana. Ahora que estuve en Boston visité la cervecería en el barrio de Jamaica Plain, donde vive mi hermano. Nos hicieron el tour y probamos varios tipo de cerveza. Y bueno, la cerveza hace honor a Samuel Adams, un político bostoniano importante para el Motín del té y en general para la rebelión americana frente a los britanicos. Orgullo de la ciudad y el país, entonces. Igual que la cerveza.
Un poco de historia para darle más sentido al presente...
Para terminar. ¿Qué hago con el poster? Bueno, hay un negocio en línea donde compro el marco, el cartón que va atrás y el vidrio que va adelanté a la medida que quiero y con eso luego puedo hacerlo tipo cuadro. Es muy sencillo y barato.
martes, febrero 15, 2011
Catari, Catari, pecche me dice sti parole amare,
pecche me parle e 'o core me turmiente, Catari?
Nun te scurda ca t'aggio date 'o core, Catari,
nun te scurda!
Catari, Catari, che vene a dicere stu parla ca me da spaseme?
Tu nun'nce pienze a stu dulore mio,
tu nun'nce pienze, tu nun te ne cure.
Core, core, 'ngrato,
t'aie pigliato 'a vita mia,
tutt'e passato e
nun'nce pienze chiu!
TRANSLATION:
UNGRATEFUL HEART
Caterina, Caterina, why do you say those bitter words?
Why do you speak and torment my heart, Caterina?
Don't forget, I gave you my heart, Caterina,
don't forget.
Caterina, Caterina, why do you come and say those words that hurt me so much?
You don't think of my pain,
you don't think, you don't care.
Ungrateful heart,
you have stolen my life.
Everything is finished
and you don't care any more!
Source: http://www.metrolyrics.com/core-ngrato-lyrics-russell-watson.html
martes, febrero 08, 2011
CelestúnVengo regresando de la península de Yucatán, México. Fui a tomar unos días de descanso y escapar del invierno y la vida cotidiana de Hamburgo. Pensé en Yucatán porque allí vive un amigo, Carlos, específicamente en la capital, Mérida. Recién vengo regresando de un viaje que pareció interminable. Tengo mala suerte para los aviones.
Mi vuelo de regreso de Amsterdam a Hamburgo se canceló. Venía llegando de Cancún con escala en USA, además del previo viaje en bus de Mérida a Cancún. Entonces estaba muerto. Tuve que pasar todo el día en el aeropuerto y finalmente la noche en un hotel en Amsterdam. Al final volé ayer por la mañana a Hamburgo pero a mi llegada me encuentro que con que no sabían donde estaba mi maleta. No tenía la llave de mi casa que estaba en la maleta y mi roomate no estaba, entonces tuve que ir al trabajo a dormir unas horas en la habitación de descanso mientras esperaba que regresara mi roomate. La pesadilla terminó ayer por la noche cuando por fin trajeron mi maleta a la casa. Ahora sí ya estoy completo de regreso en Hamburgo.
La pasé increíble en Yucatán. Lo más alucinante fue Celestún, una playa a dos horas de Mérida. Pasé unos días super relajantes allí. Teníamos el mar prácticamente para nosotros nada más. Casi no habían turistas, eran contados con una mano. Entonces estaba tirado en la arena, descansando, leyendo, tomando chelas, luego nadando en el mar, mansito y cálido. La comida riquísima, buen pescado, ceviches. Placer puro.
En Celestún fuimos también a ver a los flamingos en un paseo en bote. La foto arriba la encontré en el internet y hay muchas más en el blog de Carlos. También vimos cocodrilos y aves de todo tipo. En resumen, fui un viaje muy relajante para el cuerpo y el espíritu.
Foto: www.luxuriousmexico.com
lunes, enero 03, 2011
sábado, octubre 23, 2010
miércoles, octubre 20, 2010
Sicilia
Regresé ayer de Sicilia. Por mucho tiempo soñe con ese viaje. Al final no resultó ser tan impresionante como esperaba. Por eso mejor hablar del viaje que hice a Budapest hace poco. Qué importa el título de la entrada. Tal vez también hable del viaje a Colonia.
Budapest estuvo increíble. Llegando rente una bici y anduve en bici por toda la ciudad los días que me quedé, cuatro me parece. Estuve en el lado de Pest, la parte este de la ciudad, que es donde pasan más cosas. La ciudad de Budapest esta separada en Buda, el lado oeste, y Pest, el lado este, por el río Danubio. El paso de un lado al otro por el Puente de las Cadenas da una vista alucinante al castillo por el lado de Buda (ver foto arriba). Por el lado de Pest también es espectacular la vista del parlamento (ver foto más abajo).
La primera noche me fui a un bar medio alterno, el bar Szimpla Kert, que quedaba a un paso de mi hotel. Mi hotel, por cierto, me encantó. Un edificio antiquísimo con muchísimos departamentos. De bienvenida por la noche me esperaban dos putas en la reja para entrar al edificio. Yo no estaba seguro si estaba realmente en el lugar indicado. Pero sí, allí era. Me explicaron que había que tocar un timbre y luego me abrían. El edificio era gigantesco y en su mayoría de viviendas. También habían unos pocos lugares comerciales y de servicios, entre ellos mi hotelito, que era en realidad un departamento grande que lo habían acondicionado para alojar gente en unas tres habitaciones calculo.
Bueno, el bar me encantó. Resulta que el dueño tiene también un bar en Berlín con el mismo concepto. Pasan pelís antiguas, luego tienen varios objetos de la época comunista, clásico bar medio alterno. Para esto, viajé solo y pase bastante rato solo en Budapest, aunque también conocí a una húngara y un argentino, con quienes salí a conocer el castillo y de fiesta por la noche. Estuve también en la Casa de la Opera de Budapest, fui bien al terno, me lo habían recomendado mucho y compré mi boleto con anticipación para El Caballero de la Rosa, la opera de Richard Strauss. La opera es bastante divertida y el edificio de la opera es también impresionante.
Tal vez lo que más me gusto es andar en bici por la ciudad. La ciudad es grande, puedes pasar buen rato paseando y hay mucho que ver. No es muy amigable para los ciclistas, en el sentido que no siempre hay una ciclovía, pero se puede manejar por la avenida en ese caso y los autos respetan a los ciclistas. Todavía se ve mucho de la época comunista. Los edificios son realmente antiguos, impresionan, el transporte público también es bastante austero.
En la calle no se puede tomar alcohol supuestamente, pregunté en varias bodegas y me dijeron que no era posible, sin embargo luego me di cuenta que todo el mundo tomaba en la calle entonces comencé a andar con mi chela en la mano. Las cosas no funcionan como en Alemania que si se puede se puede y si no se puede no se puede, todo está menos claro y es más caótico. Esto se siente desde que comienza el viaje. Viajé en una línea húngara que tanto a la ida como a la vuelta se retrasó un buen rato. Pero lo más loco fue que cuando entrabas al avión abrían las puertas por adelante y por atrás, sin ningún orden, entonces toda la gente entraba y se encontraba en el pasadiso, algunos necesitaban pasar más adelante y otros más atrás y se topaban con los que venían, un caos total.
Estuve también en el Castillo, que está en la cima del lado de Buda. Allí comí sopa Gulash, pollo a la paprika y tomé vino Tokaji, todo riquísimo. Al lado un guitarrista tocaba música tradicional. Luego bajé y estuve en el Bar Instant, del lado de Pest. Ahí me quedé en el sótano bailando música gitana hasta la mañana, increíble el DJ, habría que darle un premio.
Colonia fue también una muy buena experiencia. Estuve una semana por un curso. También anduve en bici, yendo todos los dias al curso y saliendo algunas noches. Me gustó mucho. La gente me pareció bastante abierta, además muchos estudiantes y gente clase mediera. Los bares bien bacanes, las calles grandes y con vías amplias para las bicis, como en Berlín, en realidad encontré varias coincidencias con Berlín. Es una ciudad más que me gusta de Alemania, que me recuerda que no todo es tipo Hamburgo, donde no me encuentro para nada.
Estuve en una tertulia literaria en Colonia. Presentó fragmentos de un cuento y de una novela un escritor ecuatoriano. Interesante el lugar. Los latinos siempre sabiendo encontrar sitios cheveres, alternos, para organizar sus cosas. La mayoría sudamericanos, pelo largo, bohemios, que viven en Colonia, pienso se dedican a la escritura casi todos y algunos a la música. Me quedé allí, conocí alguna gente, luego nos fuimos a un bar, todo muy chevere. Un detalle interesante es el tema de publicar entre los escritores. Hay todo un rollo con eso. El chico que presentó no estaba interesado en publicar, no se preocupa por eso, y parece ser que para otros es igual, mas bien se quejan que su obra se juzgue a partir de lo publicado, y no se como interpretar eso.
Colonia me ha dado ganas de enterarme más de la movida latina literaria. Me comentaron allá que en Hamburgo hay un grupo que también se junta cada dos semanas e incluso ha tenido la visita del premio nobel Vargas Llosa un par de veces. Voy a ver luego qué pasa con eso.
También en Colonia salí a comer con Jorge, un pata peruano que conozco por el blog Cuaderno Contable. Fuimos a un sitio argentino donde prepararon una carne a la parrilla brutalmente rica. Luego a un barrio estudiantil a ver un partido de fútbol. Yo me quedé luego por ahí viendo algunos barcillos.
Finalmente Sicilia, el título de este blog. No sé, ya estoy un poco harto del rollito Italiano de la doble moral, las zapatillas de marca, las gafas oscuras, etc. Qué manera de exagerar de la gente. Estuve allá con Christian, un pata alemán que conozco de Berlín, las épocas misias. Él es desempleado, ahora yo soy el que tiene plata, entonces lo invité. No se lo podía creer. Pasamos del frío alemán al calorcito siciliano, incluyendo playita en Palermo. Nada, todo paja con Christian. Por otro lado contento de haber regresado vivo. Que bestia el tráfico en Sicilia, si te despistas de atropella un auto y no pasa nada, los autos pasan nomás, el peatón no importa un carajo.
La verdad que lo que más me impresiona, sin subestimar el siciliano, es que me deja totalmente incrédulo ver tanta riqueza cultural, tantos vestigios de culturas importantes, culturas grandes, y ellos caminando al lado, tomandose un café, como sin nada, escuchando música pachanga al lado de un edificio de hace más de mil ańos, ellos con las gafas oscuras, despreocupados, fumando un pucho, relajadisimos en la plaza. Me lleva a preguntarme si serían capaces como sociedad de volver a construir algo tan importante como lo hiceron sus antepasados.
Lo que más me gustó fue Catania, que es lo que según las guías es lo más feo. Pero últimamente estoy aprendiendo que las guías recomiendan lo que no me gusta y no mencionan lo que me interesa. La mayoría recomiendan Palermo, y claro, es muy lindo y todo, pero no deja de ser una ciudad normal. Catania me pareció más unica, diferente, la gente más pueblo, además más pobre. Con Christian comimos en el mercado unas cosas bien raras, comen como vísceras a la parrilla y carne de caballo en sanguche, todo muy rico. Luego los sambucas y limoncellos de rigor. La vida nocturna de Catania me gustó también más que la de Palermo. Luego no mucho más que contar de Sicilia, conocí gente, pero de alguna manera sentía que me contaban el mismo rollo todos, el rollo que ya conozco, repetido.
Budapest estuvo increíble. Llegando rente una bici y anduve en bici por toda la ciudad los días que me quedé, cuatro me parece. Estuve en el lado de Pest, la parte este de la ciudad, que es donde pasan más cosas. La ciudad de Budapest esta separada en Buda, el lado oeste, y Pest, el lado este, por el río Danubio. El paso de un lado al otro por el Puente de las Cadenas da una vista alucinante al castillo por el lado de Buda (ver foto arriba). Por el lado de Pest también es espectacular la vista del parlamento (ver foto más abajo).
La primera noche me fui a un bar medio alterno, el bar Szimpla Kert, que quedaba a un paso de mi hotel. Mi hotel, por cierto, me encantó. Un edificio antiquísimo con muchísimos departamentos. De bienvenida por la noche me esperaban dos putas en la reja para entrar al edificio. Yo no estaba seguro si estaba realmente en el lugar indicado. Pero sí, allí era. Me explicaron que había que tocar un timbre y luego me abrían. El edificio era gigantesco y en su mayoría de viviendas. También habían unos pocos lugares comerciales y de servicios, entre ellos mi hotelito, que era en realidad un departamento grande que lo habían acondicionado para alojar gente en unas tres habitaciones calculo.
Bueno, el bar me encantó. Resulta que el dueño tiene también un bar en Berlín con el mismo concepto. Pasan pelís antiguas, luego tienen varios objetos de la época comunista, clásico bar medio alterno. Para esto, viajé solo y pase bastante rato solo en Budapest, aunque también conocí a una húngara y un argentino, con quienes salí a conocer el castillo y de fiesta por la noche. Estuve también en la Casa de la Opera de Budapest, fui bien al terno, me lo habían recomendado mucho y compré mi boleto con anticipación para El Caballero de la Rosa, la opera de Richard Strauss. La opera es bastante divertida y el edificio de la opera es también impresionante.Tal vez lo que más me gusto es andar en bici por la ciudad. La ciudad es grande, puedes pasar buen rato paseando y hay mucho que ver. No es muy amigable para los ciclistas, en el sentido que no siempre hay una ciclovía, pero se puede manejar por la avenida en ese caso y los autos respetan a los ciclistas. Todavía se ve mucho de la época comunista. Los edificios son realmente antiguos, impresionan, el transporte público también es bastante austero.
En la calle no se puede tomar alcohol supuestamente, pregunté en varias bodegas y me dijeron que no era posible, sin embargo luego me di cuenta que todo el mundo tomaba en la calle entonces comencé a andar con mi chela en la mano. Las cosas no funcionan como en Alemania que si se puede se puede y si no se puede no se puede, todo está menos claro y es más caótico. Esto se siente desde que comienza el viaje. Viajé en una línea húngara que tanto a la ida como a la vuelta se retrasó un buen rato. Pero lo más loco fue que cuando entrabas al avión abrían las puertas por adelante y por atrás, sin ningún orden, entonces toda la gente entraba y se encontraba en el pasadiso, algunos necesitaban pasar más adelante y otros más atrás y se topaban con los que venían, un caos total.
Estuve también en el Castillo, que está en la cima del lado de Buda. Allí comí sopa Gulash, pollo a la paprika y tomé vino Tokaji, todo riquísimo. Al lado un guitarrista tocaba música tradicional. Luego bajé y estuve en el Bar Instant, del lado de Pest. Ahí me quedé en el sótano bailando música gitana hasta la mañana, increíble el DJ, habría que darle un premio.
Colonia fue también una muy buena experiencia. Estuve una semana por un curso. También anduve en bici, yendo todos los dias al curso y saliendo algunas noches. Me gustó mucho. La gente me pareció bastante abierta, además muchos estudiantes y gente clase mediera. Los bares bien bacanes, las calles grandes y con vías amplias para las bicis, como en Berlín, en realidad encontré varias coincidencias con Berlín. Es una ciudad más que me gusta de Alemania, que me recuerda que no todo es tipo Hamburgo, donde no me encuentro para nada.
Estuve en una tertulia literaria en Colonia. Presentó fragmentos de un cuento y de una novela un escritor ecuatoriano. Interesante el lugar. Los latinos siempre sabiendo encontrar sitios cheveres, alternos, para organizar sus cosas. La mayoría sudamericanos, pelo largo, bohemios, que viven en Colonia, pienso se dedican a la escritura casi todos y algunos a la música. Me quedé allí, conocí alguna gente, luego nos fuimos a un bar, todo muy chevere. Un detalle interesante es el tema de publicar entre los escritores. Hay todo un rollo con eso. El chico que presentó no estaba interesado en publicar, no se preocupa por eso, y parece ser que para otros es igual, mas bien se quejan que su obra se juzgue a partir de lo publicado, y no se como interpretar eso.
Colonia me ha dado ganas de enterarme más de la movida latina literaria. Me comentaron allá que en Hamburgo hay un grupo que también se junta cada dos semanas e incluso ha tenido la visita del premio nobel Vargas Llosa un par de veces. Voy a ver luego qué pasa con eso.
También en Colonia salí a comer con Jorge, un pata peruano que conozco por el blog Cuaderno Contable. Fuimos a un sitio argentino donde prepararon una carne a la parrilla brutalmente rica. Luego a un barrio estudiantil a ver un partido de fútbol. Yo me quedé luego por ahí viendo algunos barcillos.
Finalmente Sicilia, el título de este blog. No sé, ya estoy un poco harto del rollito Italiano de la doble moral, las zapatillas de marca, las gafas oscuras, etc. Qué manera de exagerar de la gente. Estuve allá con Christian, un pata alemán que conozco de Berlín, las épocas misias. Él es desempleado, ahora yo soy el que tiene plata, entonces lo invité. No se lo podía creer. Pasamos del frío alemán al calorcito siciliano, incluyendo playita en Palermo. Nada, todo paja con Christian. Por otro lado contento de haber regresado vivo. Que bestia el tráfico en Sicilia, si te despistas de atropella un auto y no pasa nada, los autos pasan nomás, el peatón no importa un carajo.
La verdad que lo que más me impresiona, sin subestimar el siciliano, es que me deja totalmente incrédulo ver tanta riqueza cultural, tantos vestigios de culturas importantes, culturas grandes, y ellos caminando al lado, tomandose un café, como sin nada, escuchando música pachanga al lado de un edificio de hace más de mil ańos, ellos con las gafas oscuras, despreocupados, fumando un pucho, relajadisimos en la plaza. Me lleva a preguntarme si serían capaces como sociedad de volver a construir algo tan importante como lo hiceron sus antepasados.
Lo que más me gustó fue Catania, que es lo que según las guías es lo más feo. Pero últimamente estoy aprendiendo que las guías recomiendan lo que no me gusta y no mencionan lo que me interesa. La mayoría recomiendan Palermo, y claro, es muy lindo y todo, pero no deja de ser una ciudad normal. Catania me pareció más unica, diferente, la gente más pueblo, además más pobre. Con Christian comimos en el mercado unas cosas bien raras, comen como vísceras a la parrilla y carne de caballo en sanguche, todo muy rico. Luego los sambucas y limoncellos de rigor. La vida nocturna de Catania me gustó también más que la de Palermo. Luego no mucho más que contar de Sicilia, conocí gente, pero de alguna manera sentía que me contaban el mismo rollo todos, el rollo que ya conozco, repetido.
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