jueves, septiembre 28, 2006

Adressat Unbekannt (Dirección desconocida)



En “Adressat Unbekannt” Kressmann Taylor presenta la correspondencia entre Max y Martin durante los años 1932-1934. O como una vez escuche decir a un colega bien político de mi trabajo en Lima refiriéndose a las cartas que se habían cruzado cierto funcionario público con el ministro: el intercambio epistolar. Me pareció super clásico, todos nos reimos mucho sobre eso. Pero en fin. Sobre el libro.

Max y Martin son alemanes y vivieron una temporada juntos en San Francisco, donde abrieron una galeria de arte. Luego Martin regresó con su familia a Alemania y se instaló en Munich. Desde allí trabajaba para el gobierno y coordinaba con Max las operaciones de la Galería. Max era un buen amigo de Martin, su esposa e hijos mientras ellos vivieron en San Francisco. Pero cuando regresaron a Alemania la cosa cambio.

Las desaveniencias entre Martin y Max comienzan con el surgimiento de la figura política de Hitler. Max es judío y tiene un mal presentimiento sobre el futuro de los judíos en Europa con Hitler. Le pregunta a Martin cuál es su opinión sobre Hitler. Martín piensa que Hitler va a construir una Alemania que va a mostrar “cosas grandes” al mundo. Que finalmente Alemania no tendría que sentirse más castigada y avergonzada por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial ya que Hitler le devolvería el orgullo a la nación. Una mirada que tenían muchos alemanes en esta época. Por eso, aunque la historia de este libro es ficticia, no se aleja mucho de la realidad.

Max no puede creer que Martin realmente apoye a Hitler y a su política antisemita. Piensa que escribe esas cosas por carta por miedo a que se sepa que el mantiene una amistad con un judío. Sin embargo, luego se envían cartas a través de un amigo en común que viajaba de San Francisco a Munich y a Max le queda claro que Martin se ha comido todo el rollo nacionalsocialista. Incluso Martin le dice que la muerte de los judíos sera una pérdida necesaria pero menor para lograr construir una gran nación. Le dice a Max que no debería pensar sólo en si pueblo sino en la grandeza que vendría para Alemania una vez que se haya concretado el proyecto que tenía Hitler.

Max se siente ofendido por las comunicaciones de Martin. Peor cuando se entera a través de contactos en Europa sobre el maltrato a los judíos en Alemania. Entonces la relación amical se deteriora y pasan a tener una relación netamente laboral, es decir, sobre las cuentas de la galería. Sin embargo, en una carta posterior Max le escribe a Martin sobre su hermana, Griselle, que vivía en Viena. Él estaba preocupado porque Griselle había viajado a Berlín con una obra de teatro. Tenía miedo que algo le haya pasado. Especialmente después que le escribió una carta y que se la devolvieron con un sello que decía “Adressat Unbekannt”. Por eso le pidió a Martin que vaya a Berlin a buscarla.

Pensaba que Martin se olvidaría de toda su politiquería al saber que Griselle podía estar en problema. Esto porque ella fue antes novia de Martin y el le guardaba mucho aprecio. De hecho, había sido muy duro para Martin terminar su relación con ella. Sin embargo, Martin le contestó a Max contándole que su hermana estaba muerta, que había sido asesinada por las SA en frente de él. Ella había tenido problemas en Berlín y viajó a Munich a buscar a Martin. Martin la entregó a las SA. Martin le comunicó los detalles de la muerte de su hermana como haciendo el papel de mensajero de Hitler, es decir, en unos términos muy nazis.

Max quedó choqueado con la respuesta de Martin y en adelante sólo le escribió cartas a Martin que parecían en código. Siempre con números, nombres de pintores, con poco sentido. Entonces la gente del gobierno que leía las comunicaciones comienza a pensar que Martin está apoyando a los judíos y comienzan a investigarlo. Martín entra en pánico y le ruega a Max que deje de escribir esas cartas o que de otro modo a él lo podían matar. Max sigue hasta que la última carta se la regresan con el sello “Adressat Unbekannt”. Este es el final del libro.

Sería interesante saber que hubiera escrito un tipo como Martin luego de la caída de Hitler. Tengo la impresión que esta gente ha vivido tantas transformaciónes que algunos, ahora en su vejez, viven en un estado de confusión total. Por ejemplo, un Martin en Berlin en los últimos 70 años ha visto como han destruido su ciudad, luego la han reconstruido, luego la partieron en dos y le pusieron un sistema de organización a un lado y otro al otro, luego la volvieron a unificar, luego salieron todos como locos a las calles y ahora está llena de inmigrantes y distintas formas de expresión por todos lados.

Hoy un anciano que se asoma por el parque ve gente de tantos colores: los turcos con sus tes y sus mujeres tapadas, los berlineses haciendo una manifestación de izquierda y discutiendo sobre integración, los africanos fumando hierba y un par de latinos recogiendo botellas en la calle. No es para menos que el anciano va a estar un poco confundido después de todo lo que ha visto. Es más, algunas personas me han comentado que por acá hay un problema de negación de la realidad entre los ancianos. Algunos viven un poco como en el limbo. No entienden nada de los que pasa.

Lo otro es si la gente que participó en el exterminio judío activamente o con su indiferencia, que son muchos, se sienten culpables. Por lo que escucho, muchos no tenían la menor idea de la magnitud de lo que estaba sucediendo. Por ejemplo, el año pasado estuve en Wannsee, el lugar donde se juntaron las cabezas del gobierno de Hitler y de las SS y decidieron el exterminio de los judíos, a lo que se llamó “La solución final”. Allí nos explicaban lo que se había discutido en el Protocolo Wannsee y era realmente terrible escuchar los detalles. Una anciana que estaba junto con el grupo comenzó a llorar y contó que en esa época ella no tenía ni la menor idea de lo que se estaba planeando. Que solo cuando todo paso se enteró de cuanta gente había muerto y se sintió avergonzada.

Por cierto, a pesar que millones de judíos fueron asesinados durante la Segunda Guerra Mundial, los grupos neo-nazis niegan que hayan habido campos de concentración y asesinato masivo de judíos. Por eso, el Protocolo de Wannsee es importante: porque es una prueba documentada de que si se planeó y con detalles técnicos la construcción de campos de concentración y el exterminio de los judíos. Los neo-nazis han tratado de negar esta realidad. Por ejemplo, hace unos años pusieron una bomba a un campo de concentración, Sachsenhausen, al norte de la ciudad de Berlin. La intención es pues borrarlo de la memoria.

miércoles, septiembre 20, 2006

Berlín, capital de Europa



Por Mario Vargas Llossa
El País, 1998

I - Las tribus de Berlín



Fui a uno de los cinemas de la Kurfürstendamm, y, al salir, me metí a comer un sandwich al primer café que encontré abierto. Segundos después, un muchacho desconocido, en las manos una bandeja con una hamburguesa y una Coca Cola, vino a sentarse a mi lado. Un compatriota. Llevaba ya tres años en Berlín y, con una franqueza que, al principio, me divirtió pero terminó por alarmarme, me contó su vida. Cuando le pregunté qué hacía, me repuso, sin la menor vacilación:
-Hasta hace poco, robar carros. -Como atenuante, precisó-: Todos los patas de la banda eran sudamericanos, doctor.
Era un ilegal. Había venido a Alemania como turista, cuando los peruanos no requerían visa, y se quedó. Gracias a la fraternidad latinoamericana ("Usted no se imagina la cantidad de peruanos, colombianos, nicaragüenses, ecuatorianos, bolivianos, que viven aquí. Nos llevamos como hermanos") encontró ese negocio automovilístico que le había permitido vivir y mandar mensualidades a su mujer, allá en Ayacucho. ¿Por qué lo había dejado si le iba tan bien?
-Porque los patas decidieron pasar a cosas mayores y a mí me olió mal.
Así que me abrí. Pero, tuve mucha suerte. Encontré trabajo en una pizzería, por Prenzlauer Berg. El dueño es un padre para nosotros, le juro.

¿Cuántos eran "ellos"? Seis, dos legales y cuatro ilegales, todos sudamericanos. El paternal propietario no sólo les daba empleo, pese a su falta de papeles; también, un techo bajo el cual dormir, en camas camarote, en el desván de su propio domicilio. Mi compatriota estaba encantado en Berlín, una ciudad, me aseguró al despedirnos, "que es una mina para quien no le hace ascos al chambeo (trabajo)". Una opinión muy optimista, por cierto, si se tiene en cuenta que el número oficial de parados en Alemania raspa los cuatro millones de habitantes.

No sé cuántos latinoamericanos hay en Berlín, pero deben ser muchos cientos, acaso millares, y estoy seguro de que serán cada día más, porque la futura capital de Alemania se ha convertido en un imán para gente de medio mundo. He vivido dos temporadas en ella, cada una de ocho meses, la primera en 1992 y la segunda en 1998, y en esos seis años la ciudad se ha vuelto una gigantesca urbe en proceso de radical transformación social, urbanística y arquitectónica. Acaso el cambio más notable sea la nueva Torre de Babel en que está mudando, con múltiples comunidades coexistiendo en ella, independientes una de la otra, que han encontrado aquí cobijo y pasado a ser parte del nuevo paisaje berlinés. Pocos saben, por ejemplo, que la comunidad judía de la ciudad -había unos ciento setenta mil en 1933, de los cuales fueron exterminados o expulsados por los nazis más de cincuenta mil- ha ido creciendo de manera paulatina en los últimos años, hasta alcanzar en la actualidad la cifra de unos doce mil. La prostitución, por ejemplo, es ahora, o poco menos, monopolio de rusas y ucranianas, que, abaratando las tarifas, han mandado al paro a muchas profesionales nativas.

La más antigua, numerosa y arraigada de estas comunidades es la turca, desde luego, y para hacerse una idea de la fuerza de su presencia, basta darse una vuelta, los sábados por la mañana, por el dédalo multicolor y abigarrado, lleno de aromas exóticos, del mercado de Kreuzberg. Este barrio fue famoso, en los años sesenta, por sus artistas, sus revolucionarios y sus comunas de vida alternativa. Su cercanía al muro de la vergüenza hizo que los precios de la propiedad fueran allí muy bajos, por lo que se llenó de estudiantes menesterosos, de ácratas, bohemios y turcos. Todavía en 1992 Kreuzberg conservaba esta aureola de Corte de los Milagros berlinesa, y no había sitio mejor, para ir a cine-clubs a ver películas en versión original, exposiciones o teatros de vanguardia, mítines políticos radicales (sus muros lucían carteles de propaganda de ETA, Sendero Luminoso y Mao Zedong), o degustar dolma, humus, kebab y otros turkish delights, de este barrio. Pero, la caída del muro y la reunificación de la ciudad, lo han recolocado, trasladándolo de la periferia al centro de la futura capital de Alemania. El valor de las casas subió en espiral. Ya los yuppies comienzan a sentar sus reales en Kreuzberg y probablemente en unos cuantos años será un próspero y anodino barrio burgués, sin rastros de su pasado inconformista, multirracial y multicultural.

Hablar de los turcos de Berlín es una generalización que desnaturaliza la realidad. Hay turcos recién inmigrados y turcos que son berlineses de segunda o tercera generación y que (aunque se les niegue el derecho a la nacionalidad alemana) no conocen otra lengua, ni otra sociedad ni otra vida que las de Alemania. Entre toda la diversidad turca de Berlín, una minoría de la minoría nítidamente diferenciada es la de los kurdos, concentrados en los alrededores de una calle de Kreuzberg famosa por sus ropavejeros: Bergmannstrasse. Allí vivió su pesadillesca historia la cubana María, mi compañera de penurias con la gramática alemana.

Muy jovencita, tuvo la suerte, en su Cuba natal, de ganarse una beca para estudiar cine en Moscú. Aprendió el ruso, aprobó todos los cursos en el instituto moscovita de cinematografía y estaba haciendo ya sus prácticas de fin de carrera, cuando conoció a un muchacho kurdo de Berlín, becado también en Rusia. Los tempestuosos amores de la pareja produjeron primero un niño y, luego, un matrimonio, que revolucionaría la vida de María. El kurdo se la trajo a Berlín y la sepultó (no es metáfora) en un departamentito de dos cuartos, en un edificio ruinoso de Kreuzberg, que ella me mostró, donde sólo vivían familias kurdas. Hasta llegar a Berlín, su marido le había parecido occidentalizado y moderno. En Berlín, María descubrió que ése era un disfraz, bajo el cual se agazapaba un déspota primitivo y medieval. Quedó prohibida de salir a la calle y de tener amigas o buscar trabajo. Debió vestirse velada de pies a cabeza, como musulmana integrista, y dedicar toda su energía a cuidar a su hijo y servir a su amo y señor. Éste, que, cuando salía, la dejaba encerrada bajo llave, le solía dar unas soberbias palizas, una de las cuales, por suerte para ella, la mandó al hospital.

Allí conoció a otra paciente, una sirvienta polaca, que también hablaba ruso (María, entonces, no sabía una palabra de alemán). Le contó su historia y le pidió consejo. La polaca fue su ángel de la guarda. La ayudó a planear una fuga -que tuvo contornos cinematográficos- a una Frauen Haus, especializada en casos como el suyo, y, luego, a llevar a los tribunales al cónyuge brutal. Éste pasó por el calabozo y debió, luego, además de conceder el divorcio a María, pasarle una pensión a su hijo. "Nadie se imaginaría, dice, señalando los lóbregos edificios de la Bergmannstrasse, que, ahí dentro, en el corazón de una ciudad tan moderna, vivan centenares de mujeres en condiciones tan horrendas como en Arabia Saudita o Sudán".

Ahora, mi amiga María es vecina de Kreuzberg, trabaja activamente con las mujeres kurdas del barrio, animándolas a resistir la violencia de que son víctimas, y se ha convertido en una berlinesa integral. Conoce la ciudad como la palma de su mano y no hay mejor cicerone que ella para visitar sus museos y sus antros, sus curiosidades y extravagancias, conocer sus secretos o simplemente pasear por sus parques y sus barrios, tomándole el pulso a este organismo en plena metástasis urbanística que es Berlín.

Al forastero que llega a la ciudad, lo reciben con una afirmación que oirá mil veces, por doquier: "Aunque en 1989 fue derribado y han quedado de él sólo unos pocos metros, para que lo fotografíen los turistas, el Muro sigue existiendo, más sólido y hostil que antes, en la mente y el corazón de todos los berlineses, los Ossies y los Wessies". Se trata de una convicción tan arraigada que pasarán muchos años antes de que se desvanezca, y es probable que sobreviva, como mito o estereotipo, mucho después de desaparecida la realidad que la generó. Ésta es muy simple: la pacífica rebelión de los alemanes orientales de 1989, que echó abajo el Muro y desencadenó con fuerza irreversible la democratización de la estalinizada República Democrática y su reunificación con Alemania Occidental, despertó expectativas de prosperidad y fraternidad que no se han cumplido. La desilusión ha venido acompañada de un sordo rencor por parte de los orientales, cuyos niveles de vida están por debajo de los de los occidentales -en Alemania Oriental el desempleo es mayor y los salarios son más bajos- y de irritación por parte de los occidentales, que deben pagar mayores impuestos debido a los altísimos costos que ha significado la reunificación, esfuerzo que no reconocen aquellos hermanos malagradecidos.

Algo de esto ocurre, desde luego, pero tengo la impresión (no hay manera de probarlo con estadísticas) que se exagera mucho al respecto, y, sobre todo, que aquella tensión y distanciamiento entre ambas comunidades son en Berlín menos evidentes que en otras partes de Alemania. El trasiego de gentes entre el Este y el Oeste de la ciudad es intenso. Prenzlauer Berg, en el corazón de Berlín Oriental, es ahora lo que era Kreuzberg antes: el barrio de los jóvenes, de los artistas, de los inconformes, de los extranjeros, y, también, de los más animados Kneipen de la ciudad.

Entre 1992 y 1998, la transformación de Berlín Oriental ha sido formidable, y no sólo por el esfuerzo de rescate y restauración de muchos de sus viejos edificios que está en marcha; sobre todo, porque entre sus calles ruinosas y los desvencijados inmuebles y sórdidos traspatios hormiguea ahora una riquísima vida cultural y nocturna, restallante de juventud y de dinamismo, que a mí me ha recordado mucho la del París de finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. En todas las manzanas -muchas de ellas desventradas- que van de la Puerta de Brandeburgo a Alexander Platz han surgido -a veces en garajes, sótanos o apartamentos descalabrados-, teatros experimentales, talleres, clubs de jazz, cinemas de arte, cafés, peñas literarias, centros de debate político, salas de exposiciones, donde se oyen todos los idiomas, se divisan todas las razas, se discuten todos los temas y donde el parroquiano tiene la emulsionante sensación de estar en el centro del mundo. Desde mis primeros años parisinos, a fines de los años cincuenta, no había vuelto a sentir nada parecido, en ninguna ciudad del mundo.

Pero, no sólo por esa melancólica sensación me atrevo a profetizar que Berlín sucederá a París probablemente en los años venideros como la capital espiritual de Europa. No hay razón alguna para levantar las cejas: ese Berlín será, sin duda, más europeo que prusiano, cosmopolita, multicultural, y -pese a lo que digan los apocalípticos agoreros- democrático. Lo es ya, en buena parte, y no creo que sirvan para desmentir esta evidencia las fotografías de las bandas de los rapados rufiancillos neonazis del NDP (Partido Nacional Democrático) y grupúsculos similares pintando cruces gamadas en la reconstruida sinagoga o tratando de quemar un asilo de inmigrantes. Esas siniestras minorías existen, desde luego, pero -las estadísticas electorales son flagrantes-, en Berlín carecen de representatividad, pues la inmensa mayoría del electorado respalda a los partidos democráticos, aunque, es cierto, el edulcorado partido comunista (bajo las siglas PDS, Partido Socialista Democrático), cuenta con un número de votos más elevado que en otros lugares del país.

II - La ciudad de Todos



La reconstrucción y mudanza de Berlín en una ciudad del siglo XXI es la empresa arquitectónica y urbanística más ambiciosa que recuerde la historia, desde la construcción de las pirámides, por lo menos. Pero, atención, ha sido concebida de tal modo que no sea una hazaña alemana, sino internacional, y, principalmente, europea. El próximo año, el Bundestag o Parlamento se trasladará a Berlín, al viejo edificio del Reichtag, remozado y tocado con una gigantesca y audaz cúpula de vidrio que ha diseñado el arquitecto británico Sir Norman Foster. El antiguo centro de la ciudad, Potsdamer Platz, cuyo frenético trajín de cafés, teatros, edificios públicos y pintoresca fauna, durante los años veinte, inmortalizaron los dibujos y caricaturas de Georg Grosz, está siendo levantado desde la nada en que lo convirtieron los bombardeos aliados (la excepción: una doble hilera de tilos en la Potsdamer Strasse, única reminiscencia del pasado, según un ambicioso proyecto que coordina el italiano Renzo Piano, y en el que participa un abanico de arquitectos: el español José Rafael Moneo, el japonés Arata Izozaki, el inglés Richard Rogers, además de los alemanes Kristoph Kohlbecker, Ulrika Lauber, Wolfran Wöhr y Hans Kollhoff. Pero, este corazón del nuevo Berlín es cosmopolita también en otro sentido: los principales conglomerados americanos, europeos y japoneses han financiado sus edificios y alguno de ellos, como la Daimler-Benz -cuyo bello rascacielos, de Renzo Piano, ya funciona-, trasladará aquí su centro de operaciones.

Potsdamer Platz será, a partir del próximo año, el centro cultural y político de la capital alemana. En mis últimos ocho meses berlineses, desde la Biblioteca donde pasaba las tardes, lo he visto ir tomando forma. Reapareció, aumentado, el Hotel Adlon que hizo célebre una novela de Vicky Baum, y empezaron a empinarse y extenderse los nuevos edificios, calles y plazas a un ritmo vertiginoso. La impresión de ciencia-ficción se acentuaba en las noches, cuando las grúas gigantes y las siluetas de los trabajadores, moviéndose bajo los poderosos reflectores, sugerían el decorado y los extras de una superproducción hollywoodense. Cuatro mil trabajadores, de veinticinco nacionalidades se han turnado en las obras, que serán inauguradas la primera semana de octubre. Los cimientos de los edificios están bajo el agua. Como México, Berlín es una laguna. No fue secada para satisfacer a Los Verdes. Pero, para evitarlo, se debió importar a 120 buzos de Rusia y de Holanda, especializados en trabajar, embutidos en escafandras, bajo la nieve.

Hay un simbolismo positivo en el hecho de que el centro del renaciente Berlín, sobre el que pesa la ominosa sombra de haber sido capital del régimen más claustrofóbico y nacionalista (además de sanguinario), sea una creación cosmopolita, sin raíces locales. Aquí, en la Plaza Marlene Dietrich, se halla en pie ya el IMAX, monumento al arte cinematográfico concebido como una gigantesca esfera sobre la que un sistema de reflectores reproduce los movimientos de la Luna. A este complejo de veinticuatro cinemas se trasladará, a partir de 1999, la Berlinale, el Festival de Cine de Berlín.

¿Seguirá siendo tan intensa en el futuro inmediato la vida cultural de Berlín como lo ha sido en estos últimos años? No, si es cierto lo que sostienen algunos pesimistas: que la razón de ser de la abundancia de la oferta cultural berlinesa y la elevada calidad de sus espectáculos -exposiciones, conciertos, conferencias, óperas, obras de teatro- es el régimen de subsidios municipales y federales a la cultura de que ha gozado Alemania, y, más que ninguna otra ciudad, Berlín. Algo que, dadas las circunstancias económicas actuales y las que se avizoran, difícilmente podrá mantenerse. Mi sorpresa al saber que el presupuesto para la cultura con que contaba Berlín en 1998 era de mil millones de dólares fue tan grande como descubrir, en 1992, que la Universidad de Harvard disponía, ese año, de más dinero para actividades académicas que todo el presupuesto de educación en el Perú.

Con mil millones de dólares se puede hacer muchas cosas, desde luego, como mantener funcionando todo el año tres óperas, con montajes de primer nivel. Mis convicciones liberales se sintieron ligeramente amoscadas el día en que supe que, gracias al sistema de subsidios, cada vez que iba a la ópera en Berlín (fui muchas veces) los contribuyentes alemanes pagaban entre doscientos y doscientos veinte dólares de una entrada que a mí me vendían en treinta o cuarenta, pero que, en la realidad, costaba cinco veces más. No es éste el lugar de discutir si es justo el sistema que pone sobre la masa de los contribuyentes la pesada carga de financiar los gustos de las minorías que concurren a los conciertos, las óperas, el ballet y el teatro. El hecho es que en Alemania así se ha hecho hasta ahora, con la anuencia de los electores -el presupuesto para actividades culturales en todo Alemania es de unos once mil millones de dólares anuales- y ése ha sido un factor que sin duda ha incidido en la proliferación de gente joven en las salas de música y, sobre todo en los teatros, algo que yo no he visto en ninguna otra parte. En el Berliner Ensemble, fundado por Bertold Brecht y dirigido, con los mismos presupuestos estéticos que éste hasta 1996 por Heiner Müller, en el Deusches Theatr y en el Volksbühne de Berlín oriental, como en el Schaubühne de la parte occidental, así como en muchos de los llamados teatros comerciales, siempre me maravilló la abundancia de jóvenes, que, la mayoría de las veces, constituían por lo menos la mitad de los espectadores.

Si la explicación es que el precio de las entradas es más bajo que en el resto de Europa, las cosas cambiarán muy pronto, y, me temo, para mal. Berlín se perjudicó de mil maneras con la división de Alemania. Pero se benefició en una: tanto la República Federal como la República Democrática se esforzaron por convertir a "su" Berlín en una vitrina ante el mundo y la niña privilegiada de dicha promoción fue la cultura. La realidad política ha cambiado, la prosperidad económica de que gozó Alemania ya no está garantizada y el mismo consenso que reinaba en apoyo de los millonarios subsidios a las actividades culturales existe ahora para recortarlos.

Que la reunificación de Alemania sea una realidad irreversible no significa que las polémicas que ella desató hayan cesado. Además, otras han surgido a partir de las inesperadas consecuencias de la fusión, como, por ejemplo, el astronómico costo de la reconversión y modernización industrial de la extinta República Democrática, a las que cuatro décadas de estalinismo esterilizaron económicamente de una manera que ni los más desmelenados anticomunistas pudieron jamás imaginar.

Es sabido que Gunther Grass fue una de las aisladas voces opuestas a la reunificación, alegando que ésta entrañaba el peligro de un renacimiento del nacionalismo alemán, y que, por otra parte, sería una absorción de la República Democrática por la República Federal, no una integración equitativa de ambas sociedades, algo que podía tener negativas secuelas en la evolución del país. La primera parte de aquella inquietud no se ha visto justificada por los hechos, a diez años de la caída del Muro de Berlín. Pero, la segunda, en cambio, sí, aunque de una manera que nadie, incluido Gunther Grass, pudo anticipar. La libertad trajo a los alemanes orientales oportunidades que antes desconocían; pero, al mismo tiempo, sacó a ventilarse a la luz pública la putrefacción moral de hechos y conductas que permanecían en la sombra; sus miasmas han contaminado profundamente la vida política y cultural y generado rencores, amarguras y rivalidades de lentísima cicatrización.

A diferencia de lo ocurrido en España, a la caída de la dictadura franquista, o, en Chile, después de Pinochet, la desaparición de la República Democrática Alemana no trajo consigo un borrón y cuenta nueva, una piadosa amnesia para con los responsables y sus cómplices de los grandes crímenes y abusos cometidos durante el régimen totalitario. No porque se desatara una caza de brujas policial contra los antiguos dirigentes comunistas, ni mucho menos. La verdad es que los pocos juicios entablados terminaron con condenas simbólicas o absoluciones. Pero, en cambio, millares de alemanes orientales perdieron sus empleos en la administración, en la diplomacia, en la industria, y, junto con su trabajo, su influencia y su prestigio. Tal vez, el sector más afectado haya sido el intelectual. Las universidades orientales experimentaron reformas radicales -la abolición de los nutridos Departamentos de marxismo-leninismo, por ejemplo- y la remoción de muchos sociólogos, politólogos, editores e investigadores demasiado identificados con el régimen comunista, que fueron reemplazados por antiguos disidentes o intelectuales venidos del Oeste. Las heridas así abiertas están en constante supuración y éste es uno de los temas que, durante mi estancia en Berlín, aprendí a evitar cuando estaba con amigos alemanes, so pena de provocar discusiones violentísimas.

Considerando lo que ocurrió después, es de lamentar que el desplome de la República Democrática Alemana fuera tan súbito que no diera a la Stasi tiempo para quemar esos doscientos kilómetros de expedientes policiales que tenía elaborados sobre los ciudadanos. Desde luego, semejante archivo es una mina de oro para los historiadores y los analistas de los extravíos demenciales en el control de la población a que puede llegar un sistema totalitario. Pero su existencia es, también, un absceso, cuya materia purulenta envenena las relaciones humanas de cientos de millares de personas, pues revela la degradación, las bajezas, los acomodos y las cobardías del hombre común bajo una dictadura. Todo ello crea obstáculos para la convivencia social.

En 1992, Peter Schneider, uno de los escritores que ha escrito con más lucidez (y también más gracia) sobre los problemas de Berlín, me invitó a cenar, para presentarme a un escritor de Berlín oriental. Éste no apareció. Poco antes de mi llegada había llamado a Peter para explicarle que su estado de ánimo no estaba para reuniones sociales. Esa mañana había cedido por fin a la curiosidad de consultar su expediente de la Stasi -algo que el interesado debe hacer personalmente- y así se enteró de que, durante años, el principal informante a la policía sobre sus actividades de disidente había sido su hermano. Sé que hay innumerables casos así; menciono éste porque lo conocí de cerca.

Se trata de un tema sobre el que es muy difícil pronunciarse con objetividad, porque las razones que esgrimen unos y otros suelen tener parecida fuerza persuasiva. Cuando, en 1993, se reveló que Christa Wolf, una escritora que hasta entonces me había parecido respetable, había sido durante tres años -de 1959 a 1962- "colaboradora informal" de la Stasi, a la que había proporcionado información sobre las ideas y posiciones políticas de editores y escritores amigos, me quedé perplejo. ¿Necesitaba hacer eso para sobrevivir? ¿Lo hacía porque creía que era su deber de comunista o cediendo a un chantaje? Los cuarenta y ocho volúmenes de informes que la Stasi acumuló luego sobre ella, cuando empezó a desconfiar de la lealtad de la escritora y a tenerla por una disidente potencial ¿compensaban aquella colaboración abyecta? A muchos amigos alemanes les he oído responder que sí, que un régimen opresivo semejante al de la DDR tiene un irresistible poder corruptor sobre la psicología y la moral de las personas y que éstas no deben ser juzgadas como si hubieran podido decidir libremente sus conductas. Que Christa Wolf hizo entre 1959 y 1962 lo que miles de intelectuales alemanes orientales hicieron, por ingenuidad, por cobardía (tan humana como la ingenuidad) o por el mero reflejo de adaptación a las circunstancias. ¿Tenían la obligación todos de ser héroes?

Pero, a otros, les he oído decir lo opuesto. ¿Y, los que no delataron ni aceptaron ser cómplices? Esos cientos, miles, de intelectuales alemanes orientales que no aparecen como informantes en las resmas caligrafiadas de la Stasi, y que pagaron por ello viviendo en una situación más precaria y más dura que los otros ¿no tienen derecho a criticar a quienes, por una razón o por otra, fueron secretos cómplices de sus perseguidores y victimarios?

Este es un debate que de modo irremediable desciende del intelecto a las vísceras de las personas, si éstas han padecido el problema en carne propia. Por eso, es un debate que sigue abierto y que difícilmente encontrará solución. Es una fuente de desgarramiento que acompañará por mucho tiempo, sin duda, a los intelectuales berlineses de la generación que ha vivido los asombrosos cambios de los diez últimos años. En todo caso, algo positivo se deriva de ello. Y es que la polémica intelectual -sea política, sea cultural- está en el Berlín de nuestros días enraizada en problemas que tienen que ver con los grandes asuntos, con la marcha de la sociedad, el funcionamiento de las instituciones, los valores que regulan el comportamiento de las gentes. Es, seguramente, la vida intelectual menos frívola y menos "especializada" de toda Europa occidental. Todos los escritores alemanes que conocí en Berlín -y los conocí de diversas tendencias- daban por hecho que escribir y fantasear era algo que, de algún modo, podía influir en la forma de vida de las gentes. Que los dioses les conserven mucho tiempo esa bella ilusión.

jueves, septiembre 14, 2006

On Crime



In Dostoyevsky’s “Crime and Punishment” there is discussion about crime between the main character and murderer, Raskolnikov, and the policeman in charge of the old lady’s murder case, Porfiry. The book is fantastic and this dialogue just blew my mind. So I felt like writing it here.

Porfiry: The whole point of his article is that the human race is divided into the “ordinary” and the “extraordinary”. The ordinary must live in obedience and do not have the right to break the law, because, well, because they’re ordinary, you see. The extraordinary, on the other hand, have the right to commit all sorts of crimes and break the law in all sorts of ways precisely because they’re extraordinary. That’s more or less what you wrote, isn’t it, if I’m not mistaken?

Raskolnikov: No, that’s not quiet what I wrote. Actually, I will admit that you’ve given an almost correct account of my idea, even a completely correct one, if you like…The only point of difference is that I don’t at all insist that extraordinary people are in all circumstances unfailingly bound and obliged to commit “all sorts of atrocities”, as you put it. No, all I did was quite simple to allude to the fact that an “extraordinary” person has a right…not an official right, of course, but a private one, to allow his conscience to step across certain…obstacles, and then only if the execution of his idea (which may occasionally be the salvation of all mankind) requires it. You say that my article is obscure; I am prepared to explain it to you, to the best of my ability. I think I may not be mistaken in supposing that that is what you would like me to do; by all means, sir. It is my view that if the discoveries of Kepler and Newton could not on any account, as a result of certain complex factors, have become known to people other than by means of sacrificing the life of one person, the lives of ten, a hundred or even more persons, who were trying to interfere with those discoveries or stand as an obstacle in their path, then Newton would have had the right, and would even have been obliged…to get rid of those ten or a hundred persons, in order to make his discoveries known to all mankind. From this it does not, of course, follow that Newton had the right to kill anyone and everyone he wanted to, or go stealing at the market every day. Furthermore, as I remember it, I went on to develop the idea that all the…well, for example, all the law-makers and guiding spirits of mankind, starting with the most ancient ones, and continuing with the Lycurguses, the Solons, the Mahomets, the Napoleons and so on, were all every one of them criminals, if only by the fact that, in propounding a new law, they were thereby violating an old one that was held in sacred esteem by society and had been inherited from the ancestors; and, of course, they did not shrink from bloodshed, if blood (sometimes entirely innocent and shed in valour for the ancient law) was something that could in any way help them. It is in fact worth noting that the majority of those benefactors and guiding spirits of mankind were particularly fearsome blood-letters. In short, I argued that all people – not only the great, but even those who deviate only marginally from the common rut, that’s to say who are only marginally capable of saying something new, are bound, by their very nature, to be criminals – to a greater or lesser degree, of course…As for my division of people into the ordinary and the extraordinary, I agree that it is somewhat arbitrary, but after all, I don’t insist on precise figures. It’s only my central idea that I place my faith in. That idea consists in the notion that, by the law of their nature, human beings in general may be divided into two categories: a lower one (that of the ordinary), that is to say raw material which serves exclusively to bring into being more like itself, and another group of people who possess a gift or a talent for saying something new, in their own milieu. There are within these categories infinite subdivisions, of course, but the distinguishing features of each are quite clearly marked: the people of the first category, the raw material, that is, are in general conservative by nature, sedate, live lives of obedience and like to be obeyed. In my view, they have a duty to be obedient, as that is their function, and there is really nothing about this that is degrading to them. The second category all break the law, are destroyers, or have a tendency that way, depending on their abilities. The crimes of these people are, of course, relative and multifarious; for the most part what they are demanding, in highly varied forms, is the destruction of the present reality in the name of one that is better. But if such a person finds it necessary, for the sake of his idea, to step over a dead body, over a pool of blood, then he is able within his own conscience to give himself permission to do so – always having regard to the nature of the idea and its dimensions- note that. It’s in this sense alone that I speak in my article or their right to crime.

viernes, septiembre 08, 2006

Burocracia alemana y curiosidades



http://l7.alamy.com/zooms/eb393793604641089fac84858a9ca6cc/berlin-germany-konnopkes-bite-at-the-schoenhauser-allee-d1by0f.jpgPor la mañana fui a la Universidad de Humboldt con la intención de matricularme. Creo que es la vez número 100 que voy a la oficina de Frau Nurck a entregarle los documentos que necesita para poder darme mi matrícula. El tema es que siempre es un desastre. Hay una cola larguísima, esta de vacaciones, de mal humor y me manda a rodar porque me falta un papel, o simplemente te bota porque esta estresada.

La última vez fue así, toqué la puerta de su oficina, me dijo que pase, entré, le dije que quería matricularme y me gritó “ahora no, estoy ocupada, estoy atendiendo otras aplicaciones…cierra, cierra la puerta!!!”. Aumentó otro trauma más en mi vida. Por eso tengo este blog, porque ese tipo de cosas me frustran, me arruinan el día, entonces acá canalizo mis frustraciones, que son muchísimas, jeje. Por eso el nombre, “canaldani”.

Bueno, hoy que estuve por ahí, luego de haber esperado traumado toda la semana este día, pensando que Frau Nurck me iba a pegar, llego y había una colaza. O sea, imposible que me atienda porque sólo trabaja 2 horas (y 3 veces por semana). Entonces me propuse no volverme loco. Pensé, voy a ver cuánto demora en atender a 2 personas. Si demora más de 20 minutos, jamás me atenderá, así que mejor me voy. Y así fue, demoró con sólo una 15 minutos y me fui. Salí a la casa de los abuelos de Dane donde nos habían invitado a comer.

Luego de comer el gulasch con sus abuelos, no sé cómo salió la conversación sobre la post-guerra. Ah sí! La abuela dijo que no le gustaba nunca dejar comida, yo le dije que a mi tampoco, es que odio desperdiciar comida, siempre de alguna manera trato de que se consuma. Aunque en Canadá a veces desperdiciaba comida, ahora sí casi nunca. Pero en fin, ahora de veras nunca queda comida, más bien falta, jeje, no, tampoco, pero con un par de huevos, tomates, lechuga y papas me armo un comidón.

Entonces la abuela contó sobre la post-guerra. Que en esa época estaban muy pobres y no había plata ni para comer. Esto es en 1945, cuando terminó la segunda guerra mundial. No había comida, las ciudades estaban destruidas. Dice que ella tenía que ir a otro pueblo a conseguir papas y luego regresaba caminando con su mochila llena de papas para alimentar a su familia. Es que tiene, como mucha gente anciana de por acá, una historia super dura.

Por ejemplo, de sus amigos casi quedó ninguno, los mataron a todos. Contaba también que ha sido desplazada dos veces de su pueblo. Ella es de un pueblo que ahora está en Polonia pero antes era de Alemania. No sé el nombre pero me interesa conocerlo. De hecho, ha cambiado de nombre un par de veces, por las distintas ocupaciones. Pero contaba que ella fue desplazada primero por los alemanes y luego de la segunda guerra mundial por los rusos. Dos veces tuvo que dejar su hogar sin tener a donde ir. Y esto le pasó a mucha gente.

La segunda vez les dijeron que la frontera había cambiado y que los alemanes se tenían que ir. Ocuparon su casa y hasta la fecha no puede regresar ni menos reclamarla. A la gente que la escuchan hablar alemán le tienen miedo en algunos de esos pueblos porque piensan que van a regresar a reclamar lo que era suyo. Entonces se fue buscando casa y a su familia, todos estaban por todos lados. Luego de la guerra la gente estaba en diferentes lugares, habían dejado de verse por varios años. Ahí es cuando comenzó la época de hambruna.

También me contó que durante y al final de la segunda guerra mundial destruyeron completamente algunas ciudades como Hamburgo, Berlín, Dresden. Pero el caso de Dresden es impresionante. La ciudad la destruyeron en 1 día. Acabaron con todo. No quedó nada. Los hospitales, las iglesias que estaban llenas de gente, los mataron a todos con bombas desde el cielo. Desaparecieron las casas, edificios, sólo quedó polvo.

El abuelo, por su parte, me contó que el perteneció a la juventud nazi. Después de la guerra le quedo una cosa clara: no quería ver nunca más una guerra. Estuvo en la batalla de Stalingrado, cosa que me pareció impresionante. Durante la batalla perdió mucho peso. Los alemanes no tenían alimentos y morían de frío. Llegó a pesar 35 kilos. Parecería un poco loco hablar con un ex nazi, pero muchísimos lo fueron.

El gulash estuvo brutal y luego terminamos la conversación viendo fotos. Unas fotos realmente increíbles. La abuela mostaba emocionada la foto de su casa en este pueblo en Polonia. Una foto antiquísima. Ella no quiere volver porque dice que es muy chocante para ella verlo. Yo quiero darme una vuelta por allá, estoy pensando ir a Polonia a pasar unos días, luego ir a ese pueblo y tomarle una foto a la casa.

Por otro lado, me han rechazado de varios trabajos. Estoy buscando trabajo para este mes y la mitad del que viene. Siempre por internet y trabajos como jardinero, profesor de español, pintando casas, mudanzas, limpieza, y ese tipo de trabajos. Todos me rechazas muy políticamente. Que me falta experiencia, que necesitan a alguien que se compromenta por más de 2 meses, o alguien que haya vivido más tiempo en Berlín. Estaba pensando hacer una especie de collage con las razones que me han dado para rechazarme de trabajos, tal vez luego lo ponga en el blog.

A propósito de un artículo de Guillermo Giacosa, pensaba en lo alucinante que es la memoria. Él recuerda en su niñez flamencos rosados en la casa de su bisabuela. Pero nadie más en su familia recuerda haberlos visto. Entonces él nunca sabrá si los imaginó o si todos lo olvidaron. Me parece loquísimo como la memoria puede hacer trampas. En una pareja, por ejemplo, si ninguno de los dos recuerda dónde fue la primera vez que tiraron, nadie lo sabrá nunca más, salvo que hayan habido espectadores, jeje. Pero también la memoria nos juega de otra forma. Por ejemplo, a veces hay recuerdos que han estado guardados por mucho tiempo y salen de un momento a otro,

A mí me pasó hace poco. Bajaba a sacar mi bicicleta, abrí la puerta del edificio con la llave del candado de la bici en mi mano y dije sin darme cuenta “voy a sacar el carro” con una sonrisa en la cara. Luego de eso me puse super contento sin entender el porqué. Me puse a pensar por qué había dicho eso y me enteré. Resulta que mi papá cuando yo era niño y vivía en Perú (hasta mis 12 años), luego de regresar del trabajo y comer decía a veces “voy a sacar el carro” y yo me ponía super contento porque sabía que ibamos a salir a pasear en auto.

Recuerdo el sonido de las llaves cuando él salía y yo super emocionado. Entonces sin darme cuenta esto estuvo en mi cabeza por más de 15 años y de pronto un día cualquiera acá en Berlín salió de mi cabeza y me alegré como entonces. Alucinante no? De esas cosas que a uno lo dejan tonto. Yo abrí el candado de mi bici, luego me apoye en ella, hice una pausa, me quede disfrutando ese momento, emocionado, con ganas de llorar, en mi mundo. Al final me reí.

Por último y para no tener un final tan dramático, un chiste, jaja. Este es un chiste para latinos que vivieron ilegales en Berlín pero ahora ya viven legales, ya sea por que se casaron en su país, Alemania o sacaron otro tipo de visa. Un poco especifico mi público. Bueno, dice que hay un peruano caminando por Lichtenberg, él acaba de regularizar su situación después de haber vivido varios años de ilegal. Ahora carga con todos sus documentos en su mochila, poco más y se los quiere poner en el pecho, y claro, pasa de todo el mundo. Entonces ve a un policía que está comiendo un Kebab en un Imbiss. Lo mira y le regresa el trauma, se le ponen los pelos de punta, le entra el pánico, pero luego recuerda que está legal y que no tiene por qué asustarse. Entonces decide acercarse al buli. El buli, por su parte, ha tenido una jornada tranquilaza y está haciendo una pausa para comer su kebab y hablar con su colega turco que vende en el imbiss. El peruano se acerca y le mete un empujón que hace que toda la crema del kebab se chorree en su uniforme. Luego le dice "control, control?, están haciendo control?... no me han invitado al control..." mostrándole su pasaporte. Y sigue, "visum o aufenthaltserlaubnis? cuál quieres ver? ... ah?". El buli y su colega lo quedan mirando super extrañados y el pata no para de preguntar si están haciendo control o no. Jajajaj! Siempre pienso en este chiste y me mato de risa, a veces lo hago con algunos colegas.

lunes, septiembre 04, 2006

Noi siamo la Magna Grecia!!!
(Nosotros somos la Grecia Magna)




http://www.crotonenews.com/wp-content/uploads/2015/06/Curva-sud-Crotone.jpgAyer Nico y yo regresamos de Crotone, Italia. Como suele ser con los viajes, volví molido. Me acosté ayer a las 8pm y me desperté hoy a las 12pm. Ahora que me siento, por fin, “acicalado”, me pongo a hacer un recuento de este viaje. Estuvimos un par de días en Frankfurt y alrededor de 10 días en Crotone. La estadía en Frankfurt la puedo poner en un parráfo, no porque haya estado aburrida, sino más bien por lo increíble que estuvo Crotone.

En Frankfurt nos hospedamos en casa de gente de Hospitality Club (hospitalityclub.org). Gente super chevere. Nos recibió Lena y nos mostró la ciudad. La ciudad es medio darky. Junkies de diferentes partes de Europa la han escogido como el lugar para terminar sus vidas. También se ha vuelto un point para soldados norteamericanos que hacen su juerga en el red light district. Nosotros la pasamos de puta madre conversando y cocinando en casa de Lena y haciendo fiesta con Nina, una amiga de Nico que vive por allá. Incluso, luego de una noche de locura, fuimos de madrugada a un drum & bass en una ciudad a hora y media de Frankfurt (en tren y al negro) pero cuando llegamos ya había terminado. Claro, la fiesta en el camino.

De Frankfurt salimos a Roma y luego en bus a Crotone, cerca de la punta de la bota. Llegamos a eso de las 7am y a una temperatura alrededor de 30 grados centígados. Lo primero, descansar. Por la tarde conocí a la familia de Nico: la mamá, el papá, los dos hermanos, y tres primitos que no duermen en la casa pero pasan el día ahí mientras la mamá trabaja. Todos gente super linda y calurosa. Una familia muy clásica del sur de Italia. La mamá se encarga de la casa, todos los días comen juntos con vino en la mesa, la casa es un griterío, los primitos la pasan jugando y viendo tele, los hermanos trabajando y casi no paran en la casa, los padres cada noche van al malecón a encontrarse con amigos y familia para conversar.

De arranque me encantó la dinámica que llevaban y me sentí como en casa. Es decir, confianza total. Por la noche salí con Nico al malecón. Muchísima gente caminando. Como es una ciudad pequeña, la mayoría de gente se conoce. Nico pasaba saludando a un montón de amigos. Muchos también familia, primos, primas. Todos me saludaban calurosamente, como nunca antes me había pasado al llegar a una ciudad. Impresionante. Me preguntaban como era el Perú, la gente, la cultura. Mucho interés en sudamérica. Incluso un tío se me acercó, me abrazo, me dio dos besos y me dijo “el Perú es grande”. Así se presentó conmigo. Yo estaba flipando.

La primera noche me di cuenta que Nico tenía un barrio, todos se juntan en el malecón a tomar cervis, fumar, conversar, joder, rajar. La situación de la familia y el barrio se me hacía muy parecida a mi vida en Perú. Gente calurosa, graciosa, rajona, y todos con sobrenombres o chapas. Un mate de la risa y un humor parecido al mio. Como a mi me encanta la cultura de barrio, la primera noche conocí a todos y la gente me adoptó al toke. Fue una noche increíble. Enseguida algunos de los personajes que conocí, según sus chapas.

Por el parecido con el apellido o nombre: el príncipe (mejor amigo de Nico, además siempre se pone un litro de perfume y le gusta la pitukeada, entonces le queda bien el príncipe), el bomba (se ha vuelto medio monse desde que esta con la novia, lo ha cambiado), el caetano veloso (fanático de futbol, conoce a todos los jugadores de mundiales pasados, hasta de Escocia), Goblin (tiene una tienda de street wear en Crotone, vivió antes en Boston, ya lo había conocido en Berlín), la Coco (aunque tiene como 4 celulares y se compra shorts de 150 euros que tienen un toro dibujado en la parte de atrás, es super buena onda)

Por apariencia física o herencia: el flaco (el dealer del barrio y para fumadísimo), al pacino (tío de nico, de chibolo era choro, un personaje, siempre con el cigarro en la boca y cagándose de risa), petipan (pagnota, hermano de nico, de pequeño era gordito, es super buena onda, estudia teatro y se llama en realidad Andrea), fagiola o frijol (el otro hermano de Nico, medio Rasta, se llama Dario, le pusieron el sobrenombre por herencia, es que a su tío le decían igual)

Por acciones célebres: el chewing gum (se te pega siempre, cuando lo conocí le preguntamos como estaba y no paró de hablar como 1 hora, dificilísimo de esquivarlo), el jeque (dice que tiene mucha plata, se viste bien, pero nunca tiene 1 euro y para gorreando a todos, siempre la gente dice, “uyyy, ahí viene el jeque, ahora que nos pedirá, un cigarro, una cervi”), el padre o prete (estaba estudiando para ser sacerdote pero el príncipe lo malogró y ahora se ha convertido en un demonio)

Entonces los días transcurrían así. Por la noche al bar Colombus a encontrarnos con los colegas. Unas cervis en el bar, saludar a Giussepe, el dueño del bar, que es super buena onda. Luego al malecón, ahí se junta todo el barrio (el barrio se llama la Marina). Un par de cervis más, cigarros, porros. Comienza la conversa interesante. Me hacían muchas preguntas por ser extranjero y conocer otros países. Luego caminar a la casa y a dormir. Despertábamos por la tarde de frente a comer. La mamá de Nico había preparado, como siempre, una comida brutal. A veces pasta al horno, cotoletas, siempre tomate, mozarella. Luego de comer a la playa. El mar Ioneo, bellísimo, verde, transparente y como una piscina. Luego de la playa al malecón a saludar a los colegas. Luego a la casa a hacer tiempo, tomar té con limón helado, un orgasmo gustativo, y a eso de las 12am de nuevo a salir al Colombus. Así todos los días.

Para esto, Crotone es una ciudad conservadora. Los padres no permiten que los hijos tomen, fumen, las chicas deben llegar vírgenes al matrimonio, los hijos viven en casa de los padres, etc. No hablo de adolescentes, incluso cuando tienen 30 años, como la gente con la que paraba, es igual. Entonces, los jóvenes son medio artistas, o sea, campeones en la mentira. Saben quitar olores del auto. Conocen bien los horarios de los padres y saben bien cuándo hacer sus jugadas. Por ejemplo, como los padres salen alas 8pm al malecón y regresan a las 12am, ellos toman en la casa a penas se van y se encuentran con los amigos en el malecón después de las 12am. Luego los que tienen amantes, que son varios, tienen otros trucos. La gente para haciendo jugadas y habla un poco en clave, es loquísimo porque la ciudad es pequeña y todos se conocen. Es un poco Truman Show, es decir, todo es una mentira.

Por la noche la ciudad tiene mucha actividad. Es una ciudad nocturna, al menos en verano. Me dicen que invierno es otra cosa, muy aburrido. O sea, para mi la experiencia fue de puta madre porque fui de visita, pero seguramente vivir ahí es otra cosa. Además para mi fue chevere porque la gente me recordó mis raíces y no lo esperaba. No sólo eso, también el paisaje, la comida, el estadio, la historia, todo increíble. En medio de la ciudad un castillo construído antes que nazca Cristo. También fui con Nico a otras ciudades alrededor, bellisimas igualmente. Siempre el vino, las ruinas, la playa, la artesanía, los paisajes, lo más alucinante.

En realidad es demasiado largo todo lo que pasé en el sur de Italia para contarlo en un blog. Estuvimos también en Soverato, a una hora de Crotone. Ahí nos encontramos con amigos de Nico de la universidad una noche. Luego conocí a una gente al lado de un kiosko de cerveza y conversamos hasta la mañana, sobre viajes, el mundo, etc. La pasamos super bien ahí también. Regresamos de Soverato en el auto escuchando Marley con un solazo. Luego comer y a la playa.

Otra experiencia alucinante fue el estadio. Fui dos veces. Primero fuimos a ver el partido Crotone vs. Torino. Ganó el Crotone. Creo que 2 a 1. Estuve en la barra sur, curva sud. La tifosi increíble. De ahí sale el título de este blog: “Noi siamo la Magna Grecia”. Este es uno de los cánticos de la barra. Es que los griegos se expandieron al sur de Italia, la península, en busca de mejores suelos para su agricultura y a este imperio se le llamó la Magna Grecia. Entonces, cuando vienen equipos del Norte de Italia les gritan “Noi siamo la Magna Grecia!!!”, cosa que me encantó, porque suena super fuerte y roots, tomando en cuenta la rivalidad norte (con plata)-sur (misios) en Italia y la historia del imperio Magno-Griego.

Una breve digresión. Crotone fue fundada más de 700 años antes de Cristo, tenía a los mejores físicos y campeones de Olimpiadas, Pitágoras estableció su escuela matemática en Crotone, se dice también que Odiseo (Ulises en la cultura romana) estuvo perdido 10 años en esta región. Entonces, la barra norte tiembla con este grito. No es para menos. Como se diría en dialecto: compa l'amu scantat (los hemos asustado).

Por cierto, en Crotone se habla dialecto e italiano. El dialecto tiene influencia del español y el griego, debido a que inmigrantes de ambas culturas se establecieron en el pasado en Crotone. Suena bastante fuerte y es diferente al italiano. Aprendí algunas palabras y expresiones en dialecto, de hecho la gente se pone super contenta si les hablas en dialecto. Claro que aprendí las expresiones más sabrosas. A continuación algunas.


Compa (loco, hermano, tío)
Ni ni jamu aru mari (vamos al mar)
Pisciare (mear)
Duv e a putiga compa? (dónde esta la tienda o bodega?)
U mi ni frica nent (me llega, se dice, claro, con la mano saliendo del cuello)
Ca cumann io (aca mando yo)
Compa, u si capiscia nent (no se entiende nada, por ejemplo en un bar)
U mi ni futta na minchia (me llega al pincho)
Piccione (vagina) non ce piccione qui (no hay mujeres aca) a picciunama, a duv e? (dónde están las tías) Sorry la vulgaridad, pero es lo que dice el pueblo.
Mi spezzo di alcoll (me quiebro de alcohol)
A fissa i mammta (conchatumadre, chingatumadre) Lo usa la tifosi, por ejemplo, al arquero del equipo rival le gritan“oi portie a fissa i mammta, eoooo, oi portie a fissa i mammta, eoooo, a fissa i mammta, a fissa i mammta!!!”
Patta e mammta (otra mentada de madre, se utiliza mucho cuando se manjeja y con razón)
Compa, a scupatt? (has follado, tirado?)

Fui también el domingo a un partido contra la Reggina. El Crotone perdió, el arbitro nos robó el partido, jeje. Es que la bola entro al arco, pasó la línea y el árbitro no pitó gol. Luego de lo que ha pasado con la corrupción en el fútbol en Italia ya nadie le cree a los árbitros. En fin. También jugué un partido con colegas en una canchita. Nos ganaron pero metí dos goles, uno rastreadito en el palo del arquero y el otro un cañonazo imparable. Jugué con la camiseta del Crotone. Luego de 10 min quería pedir cambio. Falta físico. Ahora en Berlín voy a hacer dieta y gym. Promesas de vacaciones.

Entonces el viaje estuvo de puta madre. Luego de conocer a la gente del barrio me di cuenta que me quería quedar ahí y no hacer más turismo por Roma, como tenía pensando originalmente. Por que? Porque me mueve el turismo de gente, conocer, hablar, más que nada. Y los barrios me atrapan. Entonces por eso al final decidí no ir a Roma. Además, no soy bueno para visitar museos, ruinas, galerias. O sea, a veces lo hago, pero no es tanto lo mío. Ni siquiera tengo cámara. Nunca la tuve. Pero me traje una super buena vibra de Crotone.

Crotone también me movió un poco el piso o el tapete. Ver a una cultura tan calurosa, la familia, la gente que te mira a los ojos, que se le siente super viva, y yo hace años viviendo en culturas “frías” como Canadá y ahora Alemania, lejos de la familia, por decisión propia, claro, pero da que pensar. Es el dilema de toda la vida: el eterno retorno o la levedad, como lo diría Kundera. Pero no sé, esta medio claro que por ahora lo que busco está acá en Berlín. De cualquier modo, me encantó esta experiencia y para la gentilla, como dice la Tifosi: Grazie Ragazzi!!!

viernes, agosto 18, 2006

Yesterday night



https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e5/Mauerpark-karaoke-amphitheater-2011.jpgIt all started at 6pm, when I met Percy in Mauerpark. Damn it, how I hate to write this story in English, but unfortunately, I’m still using this laptop without the Spanish symbols. Anyway, like I said we met at 6pm at the park. I had only 2 euros, I didn’t bring my wallet cause I have 30 euros for my trip to Italy and that’s it. So we went to the supermarket, Kaisers, and bought a four-pack beer each of the cheapest beer available, Sternburg. The price: 1.72 euros each four-pack.

We drank the beers at the park, while listening to a band that was playing next to us. There were lots of people. It was a sunny day and when the sun comes out everybody goes out almost desperately. There aren’t many warm days so people try to make the best of those days. It is as if you have to live more during the summer, do more things, so that you feel that the summer is longer than the winter. In fact, I think it works, time is relative anyway. If you have lots of experiences during the summer and not so many during the winter you get the feeling that the summer is longer than the winter. But actually the summer lasts around 3 months and the rest of the year is pretty much cold.

But ok, we were having these beers at the park, which had a particularly nice atmosphere yesterday. People playing music, having picnics, at the beach bars, etc. By the way, before yesterday I saw a guy playing “cajon” at the park and we had a very interesting conversation about this musical instrument, its history and potentialities. This park, Mauerpark, used to be divided by the Berlin wall. Mauer means wall, so it would be translated something like the park of the wall. Now this park is full of alternative people and has a very strong energy.

So we met with some friends of Percy at the park. We played frisby and talked for an hour or so. The beer bottles were already empty so we started to collect our cents to see if we could buy another one together. We were missing 10 cents, the supermarket was already close so we had to buy in a grocery shop, where the beer costs 70 cents. Expensive, but at least it is a cold beer. I decided to pick a couple of empty bottles. Each bottle is worth 8 cents for the deposit, so 2 were enough. We paid with 60 cents and two empty bottles and even got change. Mmm, that made me wonder.

You can already imagine what happened after we finished that beer. I decided to find out how difficult was to get empty bottles in the street. I mean, why not? So one of those stories started at that moment. I was walking along the street with Percy looking for bottles and putting them in my rucksack. Nine bottles are worth 1 beer, so that was the goal. It took around 10 minutes to find 9 bottles. People leave many bottles in the street but there is also competition.

We met other people picking up bottles and had short conversations over a beer. Some were really professionals. They go out with big bags and know very well where to find the bottles. They told us that we should go to the park, that’s were the good stuff is. But we were having fun and didn’t want to bother going to the park and wasting lots of time picking beers. The streets were good enough for us.

Outside a grocery shop, we met a guy who is a cook in a fancy Jewish restaurant. He even gave us his business card. We had a conversation about food and cooking, which is probably my favorite topic in a conversation. Before going back home this guy invited us two beers. Great! So the night was being really good considering that it all started with 2 euros.

We kept looking for bottles. I decided to go inside an alternative bar where I go very often and see if I could get some empty bottles. This was a new adventure. I asked some people if I could take their bottles, as if I worked at the place, and they said, for sure, do. Mmm, goal!!! Percy couldn’t believe it. He kept saying, what the fuck are we doing? It was so funny. We were paying our beers with empty bottles form bars and the street. Our bag was always full of beers.

At the bar they probably realized that I was getting the empty bottles, but I guess they didn’t care. I mean, it is not like I was ruining their business or something like that. And I go there very often to have a beer, almost every day, so the locals should have those types of privileges, hehe. It is also a very alternative bar…and ultimately, this is Berlin.

We met all sort of people while picking up beers. I came across a Mexican friend who was sitting in a bench and gave me some empty bottles. There is another story with this guy. A couple of weeks ago I saw him having sex with a Spanish girl in my room. Yeah, that night I went to the 25 bar, one of the craziest bars in Berlin, and after they closed I met some people in the street, it was already 10 am maybe. We started to talk and walk with our bikes and beers looking for another party. We walked for a couple of hours and somehow we ended up going to my place and cooked paella.

We were with some Spanish guys, Nico, this Mexican friend, a French, a Turkish, a Russian. Every possible language. We really had a blast and stayed talking until the afternoon. Really cool people. I slept in a hammock. When I woke up I went to my room and saw my friend having sex with a Spanish girl, hehehe, bizarre. I closed the door. But I needed my wallet so I knocked and came in. They were totally cool, we even had a short conversation. It was kinda bizarre though, to talk to them while they were naked after sex, heheh.

Anyway, while picking up beers I also met a group of Spanish and Italians looking for a party. We had a beer with them. Then I met a guy from Italy who was playing the guitar in the street. He played and I sang. Then I played some guitar and he sang. And so on…At some point the grocery shops closed and it was not possible to get money from the bottles. But then I found a small restaurant and asked if I could get the deposit for some bottles and they said it was ok. So again…

Yesterday night the street provided the party, the “pacha mama”. I might do that again, who knows. Now I gotta start packing. I’m going to Frankfurt tonight. The day looks sunny and nice.

domingo, agosto 13, 2006

Na ja…



Ok, so I guess I should write something. I write in English this time cause I can’t use Spanish accents with this laptop and mine for some reason doesn’t start. It might be on vacation like everyone Berlin: my boss, the priests, NGOs’ staff, squatters, etc. I know that very well cause I’m broke and I’ve tried to contact them for clothes, food, housing and, in general, for help!!! But they are gone. So, I decided I’m going on vacation too.

Originally I wanted to go biking with Nico (my Italian friend and roommate) to Poland, but it's already getting cold and I need a visa to go to Poland, which means money and time. Then we thought Denmark cause I don’t need a visa to go there, but some small towns in the Brandenburg region, which is on the way, are kinda neo-nazis, and we both look very much like immigrants. In fact, I have the Latino passport in my face, like we say in Spanish.

So we decided not to make this biking trip. Instead, we planed to go to southern Italy and visit Nico’s family, friends, and the towns in the area. We go next week to Frankfurt, stay a couple of days there and then catch a plane to Rome. Once in Rome we will see what we do but always going to the south and with not so much money. Probably we will try to sell some t-shirts. So that is the idea. We will stay 11 days in Italy and then come back to Berlin from Rome.

Last week wasn’t really excited. I mean, after the chaos from the previous weeks things couldn’t get crazier. I’m living now with Nico and Dane. Half of the week I spend in Neuköln with Nico and the other half in Prenzlauer Berg with Dane. I do my groceries in Neuköln, cause it's cheaper and go out clubbing in Prenzlauer Berg, cause it's fancier, hehe. Not bad. But, anyway, I really can’t wait to start my PhD on October, start getting money, working and sorting out my life in Berlin, finally, after almost 2 years.

I mean, the last 2 years have been full of adventures: Canada’s farewell, USA, Italy, Spain, Germany, I got deported from Germany, I sued the state, won and came back…I’ve lived in so many different houses, sofas, mattresses, and sleeping bags. But now I’m kinda tired. So I’m glad I’ll have a more regular life starting October. In fact I’m already back in the system.

Last week I got a permit to stay two more years in Germany, a health insurance and I registered in Prenzlauer Berg’s city hall. I’m a visible human being again, which means I can enjoy some new benefits and I have to deal with some new responsibilities. In practice, I have to do lots of paperwork, spend money and the system gives me access to its institutions (banking system, workplaces, health, education and migration institutions, those sort of things). I’m back in the system after living “illegally” for 1 year in Berlin. I’m happy about it but the romanticism of living at the margin is also lost. I’m again part of the data, hehe.

Well, yesterday I went to this electronic and reggae music festival, Planet Pro Berlin (www.planet-pro.de). Like the Love Parade it took place in the 17th June Street. I didn’t really want to go cause I was tired and had a whole chicken in my rucksack. I bought a chicken in Neuköln before going to Prenzlauer Berg cause things in Neuköln are much cheaper, like I said before. So yesterday I cooked Peruvian (“lomo saltado”) at Nico’s and after I bought this chicken at the Turkish. I was tired cause I worked in the morning cleaning a house (working black). By the way, yesterday the family who I help cleaning this house asked me to help them with their computer, internet stuff. I did and they were very thankful. They didn’t pay me extra for that though, hehe…no need, my pleasure, really. Anyway, what I wanted to say is that I went to this festival cause Dane really wanted to see it. The festival was ok but nothing spectacular, or maybe I just wasn’t in the right mood.

Gotta go now, going to cook that chicken. Viel spaß.

lunes, julio 31, 2006

La nueva constitución



Siento que ha pasado un buen rato desde que escribí el último blog. Es que en este par de semanas han pasado un montón de cosas. Empiezo por el final. Ahora vivo con Nico y Heather. Es decir, me mudé del departamento donde vivía con Dane en Prenzlauer Berg a Neukölln, o mejor dicho, ghetto Neukölln, jeje. También he comenzado a trabajar “al negro” (o sea, sin papeles…y porqué siempre negro tiene una connotación negativa? como los joden a los negros!) en una casa en un barrio pituco acá en Berlín haciendo limpieza. Por último, estoy planeando con Nico un viaje en bicicleta de unos días o un par de semanas, tal vez a Polonia. La ruta todavia no está clara pero la idea es llevar las carpas, vender unos politos en el camino y pasarla así un rato hasta que nos cansemos y se acabe la plata.

Y cómo empezó la historia? Bueno, hace un par de semanas vinieron los padres de Dane a Berlín de visita. Para mí era la segunda vez que los veía. La primera fue el año pasado cuando pasamos navidad juntos en un pueblo cerca a Hannover, donde ellos viven. Esa vez la pasamos bien y siempre hubo un trato muy cordial de ambas partes. Esta vez se quedaron en Berlín un fin de semana y pasaron una un día por la tarde a visitarnos con la idea de salir a un lugar a comer. Entonces conversamos un rato en la casa, les dimos un vino que le trajimos de regalo de Perú y luego salimos a caminar en búsqueda de un restaurant.

En el camino al restaurant y una vez allí Dane sacó el tema de los inmigrantes y el sistema de visas y permisos y lo injusto y discriminatorio que es, especialmente hacia personas que vienen de países pobres. Tema que ella conoce bien por su trabajo y que para mi es muy sensible por ser parte de la “data“, es decir, haber sido víctima de este sistema. Luego llegaron al tema de mi caso y Dane explicó que yo había vivido un año en Berlín sin un permiso válido o “ilegal”. El tema estaba en la mesa y yo era un espectador, hablaban entre ellos sobre mi situación como si yo fuera un fantasma.
Para mí es un tema que no toco con cualquier persona, sino sólo con gente que tiene cierta sensibilidad hacia el tema o lo conoce de cerca.

Dane explicó todo los problemas que me había causado el estar ilegal y lo injusto que le parecía. La opinión de sus papás, sin embargo, era que lo que había sucedido con mi caso era correcto y que los “castigos” que había recibido por estar ilegal eran los justos. Ellos pensaban que quedarse unos días de ilegal no es tan malo pero ya casi un año es realmente un crimen. Y pues, mi opinión en este tema es bien clara y ya la he explicado en un artículo completo en mi blog.

Creo que los que se quedan más tiempo viviendo como ilegales son realmente héroes, gente que logra sobrevivir a pesar de que el sistema les niega el acceso a educación, trabajo, salud y los margina de la sociedad en general. Además creo que un sistema institucionaliza la discriminación cuando establece que una persona es una amenaza para la sociedad sólo por no tener papeles y así la convierte en un criminal. Esto porque las personas que vienen de países pobres tienen más barreras para conseguir un permiso válido y, por lo tanto, ser las víctimas de este sistema.

Entonces me sentí ofendido por lo que dijeron, se los hice saber y me fui del restaurant luego de mandarlos, muy educadamente, a la mierda, jeje. De ahí me fui a al parque del muro a pensar un rato y sentí que era momento de hacer un cambio, de dar un paso que hace tiempo quería dar pero no me atrevía a hacerlo: mudarme. Llegue a mi casa, hice mi maleta, agarré mi laptop, llamé a Percy, un amigo peruano, le pregunté para quedarme unos días en su casa, me dijo que sí y que vaya a una estación del metro donde nos encontraríamos. Entonces salí de mi casa con todas mis cosas y sin un euro en el bolsillo y caminé muchísimo hacia esa estación donde lo esperé un par de horas.

Estuve viviendo con Percy una semana en un barrio a las afueras de Berlín. También estuve un par de días en una casa de campo en un pueblo cerca de Berlín con Percy y sus amigos donde armamos un fiestón brutal. En este tiempo estuve pensando qué hacer y conversando también con Dane. Al final me di cuenta que necesitaba dos cosas: rodearme de gente más alternativa y mi habitación propia. Lo jodido del asunto es que estaba sin un centavo entonces primero tenía que recursearme. Felizmente estar con Percy ayudó mucho, porque él vivió acá varios años como ilegal y conocé bien las tácticas de supervivencia. Entonces me dio unos buenos datos.

Me contactó con una familia para la que el trabajó, les comentó de mí y ahora yo les hago la limpieza de la casa. Ellos son una pareja de esposos de unos 50 años. Gente muy chevere, educada y amigable. Tienen unos cuadros increíbles en la casa. También Percy me paso el dato de iglesias que dan ayuda e instituciones medio caletas donde uno puede pedir un billete. Entonces he estado paseándome por todo Berlín visitando estas instituciones. Desgraciadamente por ahora todos andan de vacaciones, desde mi jefe en la universidad, hasta los sacerdotes de las iglesias, la gente de las ONGs e incluso los okupas!

Lo de los okupas lo digo porque he intentado de engancharme en una casa okupa, por esto de que quiero estar rodeado de gente con ideas originales y que piense un poco más allá del sistema y no se coma el cuento. Este tipo de gente la he encontrado principalmente en ambientes más alternativos como en las casas okupas. Además, mucha gente que conozco que llegó acá sin papeles y vivió de okupa me cuenta que es donde han conocido a la gente más de puta madre y por eso algunos decidieron quedarse viviendo en comunidad incluso luego de legalizarse y poder pagar un piso. Por eso me he puesto en la lista de espera de una casa okupa, pero por ahora no están haciendo los plenos en los que deciden si te aceptan o no porque los okupas se han ido de vacaciones, jeje. Todos estan de vacaciones.

Luego de pasar una semana con Percy cerca de Lichtenberg, el barrio nacionalista (medio neonazi), me mudé con Nico y su compañera de piso Heather a Neukölln, que es más o menos como estar en Istambul. Sacamos todas las cosas del attelier, lo cual fue una chambaza, y me instalé ahí. Mi cuarto ha quedado de puta madre. Tengo una cama gigantesca, una mesa donde pongo mi laptop y la decoración no la he tocado porque ya estaba alucinante: muchos posters, fotos, velas, paredes de colores amarillo fuerte y blanco. Los que estamos en esta casa nos quedamos acá hasta mediados de setiembre y de ahí safamos.

Me di cuenta que estaba en Neukölln y no en Prenzlauer Berg cuando salí a hacer compras y en el camino la gente que trabaja en los mercados de la calle iba ofreciendo frutas, verduras, y carnes. Yo estaba buscando un par de paltas para hacer guacamole y encontré unas por ahí y el vendedor me quería vender también a toda cosa algo más, unas manzanas, una sandia. Me dijo que me dejaba una sandia entera a 2 euros y bueno, le dije que no se gaste en ofrecerme cosas porque no tenía un centavo más, solo tenía para las paltas, le dije que andaba super misio y que tal vez otro día le podía comprar algo más. El tio, que me imagino era turco, me dijo dándome una palmada en la espalda que no me preocupe, que entendía y que todos estamos igual de pobres por acá. Wow pensé, bienvenido a Neukölln.

Lo otro que me pasó hace un par de días fue que se me acabó la crema y quería hacer pasta. Estaba cocinando y salí rapidito a buscar un poco de crema en alguna bodega por acá. No quise ir al supermercado porque me quedaba más lejos y dejé la olla prendida. La primera tienda que veo decía algo así como “abarrotes” y luego muchas cosas en árabe. Entré y la tía que atendía no hablaba bien alemán y todos los productos que vendían eran importados, imagino que de turquía. Habían algunos que parecían crema pero no estaba seguro porque todo estaba escrito en árabe. Me pasó lo mismo en la segunda tienda. Luego entonces me metí a un supermercado y todo lo que vendían en el super estaba en árabe, tenían crema pero más cara porque era importada. Ya estaba comenzando a enloquecer. Al final tuve que caminar hasta el PLUS y hacer una colaza para salir con mi crema.

Ahora cuando voy a Prenzlauer Berg a ver a Dane se me hace realmente un cambió total. Lo veo como un barrio mucho más fancy. En el camino en la bici trato de ver dónde comienza la diferencia, a partir de qué calles. Porque en un momento ya todo es tan diferente. Ya llegando a Prenzlauer Berg no hay casi turcos, la gente esta más fashion, la gente no maneja bici por la vereda porque los transeuntes se asan. En Neukölln, en cambio, todo es un poco más la ley de la selva. La gente esta sobreviviendo. Hay muchísimas cosas en la calle que la gente recoje. El día que llegué nomás recojí una silla y luego unas raquetas de ping-pong. Con Nico hemos armado con una mesa normal una mesa de ping-pong y la hemos puesto acá en su cuarto y a veces nos ponemos a jugar. Super entretenido. Tenemos hasta un árbitro que es un maniquí, jeje.

Una de las cosas que más me ha gustado hasta ahora de mi nuevo barrio es el canal. Nada como estar más cerca de la naturaleza y del mar. Acá la gente no va tanto a parques sino que al canal. Ahí se sientan a leer, tomar unas cervis, conversar, hacer parrilladas. Yo he estado yendo mucho últimamente. Me pongo a leer Murakami un libro de cuentos que me encontré acá en la casa: Wie ich eines shönen Morgens im April das 100%ige Mädchen sah. Lo estoy leyendo en alemán y está bien para mí también para mejorar el alemán.

En fin, ya me extendí mucho. Ahora esta semana es el planeamiento del viaje en bicicleta. Mañana tengo una cita en la oficina de migración para ver lo de mi estatus, así que también me alisto para esa batalla.

Entonces sigo por acá en una nueva casa y barrio, misio, comiendo pasta, chambeando al negro, pero en mi ley.

lunes, julio 17, 2006

Love Parade?
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a7/Two_women_a_Tel_Aviv_love_parade_01.jpg


Bueno, parece que el Chapulín Colorado me trajo el Love Parade. Este sábado se realizó el Love Parade luego de haber estado suspendido los últimos dos años.Este festival fue un símbolo de Berlin durante los años 90s. Comenzó con alrededor de 200 personas que organizaron una demostración por la paz en 1989, el año de la caída del muro. La manifestación se hacía a través de la música, en este caso, el techno. Con los años el festival creció y se volvió más comercial: se convirtió en una gran fiesta electrónica que entre turistas y locales atraía alrededor de 1 millón de personas. El espíritu original se fue perdiendo y en el el 2001 el gobierno le quitó el estatus de manifestación política y el festival pasó a ser catalogado como un evento netamente comercial.

Luego comenzó a discutirse sobre los costos de limpieza y seguridad del festival. Parece que los organizadores y el gobierno no se pusieron de acuerdo en quién debía asumir los gastos y por eso los últimos dos años no hubo Love Parade. Pero este año lo volvieron a organizar. A mí me agarró de sorpresa. Este es mi segundo verano en Berlín y, como el año pasado no hubo Love Parade, no estaba en mi lista de festivales que esperaba para este verano. Me enteré un par de día antes y de hecho que quería darme una vuelta por ahí.

El día del festival, el sábado, fui a comprar temprano unas de esos six pack de cervezas que venden en el super y que me cuestan menos de 2 euros. Puse las cervis en la refri y por la tarde salí en la bici con las chelas en la mochila hacia la calle 17 de Junio, donde se realiza el festival. Esto es por el centro de la ciudad, cerca a la puerta de Brandenburgo y el parque Tiergarten, uno de los más grandes de Berlín. De hecho en lo últimos años ha habido mucha discusión por la basura y el ruido que genera la fiesta y la contaminación del parque. Y es que la cantidad de basura es impresionante. Fue mi primera impresión, una calle repleta de gente y botellas rotas por todos lados, piedras, papeles, muchísima basura. Luego policías por todos lados y turistas.

Amarré mi bici por ahí y me puse a caminar a lo largo de la 17 de Junio. A lo largo de la calle habían 40 camiones con música electrónica. La gente baila alrededor y dentro de los camiones. Los camiones recorren toda la calle y luego dan la vuelta y regresan y así la pasan, dando vueltas sobre la misma calle. Es una mega fiesta en la calle. Algunos de los DJs en estos camiones eran Paul van Dyk, Ricardo Villalobos, Onur Özer, Westbam, Tiësto, y Ewan Pearson. Al final de la noche todos los camiones se concentran al final de la calle y la fiesta revienta.

Debo decir que no me gustó el Love Parade. Mucha gente en plan terrorista, basura, y poca buena vibra. Muchísimos turistas del este de Europa, España e Inglaterra que vienen un par de días para la fiesta. Entonces la clásica: se meten de todo, algunos se ponen violentos, llenan de basura la ciudad, y se van. Los berlineses ni se enteran de que pasa porque para ellos el festival ya no existe, se acabó hace varios años. Ahora ni se asoman por Tiergarten para el Love Parade. Lo ven precisamente como un evento turístico. Pero bueno, a pesar de todo este mega evento no deja de ser impresionante. Por cierto, también se ha discutido sobre qué tan grande ha sido el festival este año. En algunos medios han dicho que asistieron alrededor de 1 millón de personas, pero la mayoría coincide y el conteo de la policía también que habían cerca de 350 mil personas. O sea, mucho menos que en años pasados.

Luego del Love Parade me regresé el sábado por la noche a mi casa. Previamente estuve buscando por todos lados una tienda donde comprar algo para cocinar. Queria preparar sanguches de pollo para el día siguiente o para la mañana siguiente. Es que había quedado a las 6am con Nico de encontrarnos en un local que hacen fiestas por mi casa y que el domingo tenía programada una fiesta con DJs alucinantes, comenzaba a las 6am y acababa el lunes a las 8am. No encontré ninguna tienda y me fui a mi casa a dormir. La siguiente mañana cuando sonó el reloj alarma a las 6am casi lo rompo y seguí durmiendo, por supuesto, jeje. Nico tampoco llegó a la hora acordada, el llegó a las 5am y el local todavía no había abierto, entonces se fue. Igual yo sí tenía mucho interés en chequear esa fiesta que era como un mini-rave y a penas me desperté me fuí con Dane para allá.

La entrada 5 euros. Adentró, lleno de gente. Algunos que se acababan de despertar y llegan a pasar la mañana, tomar el café ahí, leer el periódico, otros que estaban desde ayer y seguían bailando, algunos también durmiendo en camas o en las sillas playeras que habían en el jardín. De todo. El local super grande, la música y la gente de puta madre. Los DJs estaban ahí mismo pinchando, llegaba uno y se iba el otro. No había control así que pude meter una cerveza en mi mochila. Siempre trato de hacer eso, jeje, es que muy caro comprar cerveza adentro. Normalmente uno paga 2 euros por una cerveza en el bar o 2.5 euros y en la calle la compras a 80 centavos o 1 euro.

Ya un par de veces me han quitado mi cerveza en un bar porque se dan cuenta que la metí en la mochila. No te dicen nada, se acerca alguien y te la quita. Pero poco a poco he ido aprendiendo. Ahora lo que hago es ver qué cervezas venden en el bar y en qué tamaños. Luego salgo a la calle y me compro una cerveza similar a la que venden y la meto en la mochila. Todo es paciencia. Y si hacen control de mochilas entonces a veces entro al bar con la cerveza en la mano conversando con alguien, así como quien no se entera nada, como que acabo de salir del bar con mi cerveza y estoy volviendo a entrar. Esa jugada la hacen los berlineses a cada rato y hay bares en los que no les jode tanto que uno lo haga, hay como un acuerdo tácito, total, todos estamos misios pues.

Entonces el domingo la pasé en esa fiesta y tambien en un parque cerca de mi casa. Luego por la noche me vi con Nico. Se quedó a dormir en mi casa y ahora por la mañana fuimos a Kreuzberg a la escuela de alemán, Babylonia. Llegar a Kreuzberg siempre es divertido. La gente ahí está en otra. Carretillas, mercados en la calle, punks, mujeres tapadas, todo lleno de colores, demasiada diversidad, jeje. Los turcos sentados en sus tiendas tomando el té con la familia o jugando cartas con los amigotes. La mancha de alemanes desempleados desde temprano con cerveza en mano, siempre en las mismas esquinas. Y bueno, hoy en la pausa me compré un pan de papa en la panadería turca, buenazo. Los turcos hacen cosas ricas. Una de ellas es el pan. Esta vez probé el pan de papa. Es un pan redondo relleno con papa pero ya como tipo crema. Con uno te quedas repleto.

lunes, julio 10, 2006

El Chapulín Colorado



Esta vez escribo medio por cumplir. O sea, ayer acabo el mundial y un par de días antes el mundialito y hay que decir algo al respecto. Aunque en realidad parece que ambos campeonatos acabaron hace como un siglo y ya no me interesan en lo más mínimo. Por otro lado, dejan un vacío tremendo y de golpe. Ya no hay nada que me tenga a la expectativa y con excusas para festejar y faltar al alemán. Oh no!, y ahora…quién podrá salvarme?!

El mundial terminó con un cabezazo. Qué fue eso? El misterio es, pues, qué le dijo Materazzi a Zidane?! La imagén hoy está en todos los diarios, en varios idiomas y en diferentes tomas en YouTube. Fue un cabezazo recontra callejero. Yo pensé que Zidane no era conocido por descontrolarse de esa manera, pero ayer, luego del partido, un amigo francés me contaba que ya un par de veces Zidane ha metido sus cabezazos. En fin. Me muero de la curiosidad. Espero que en los próximos días se sepa que le dijeron a Zidane. Hay que hacer un zoom ahí y leerle los labios a Materazzi.

Y a pesar de todo Zidane se llevó el Balón de Oro. Es que las votaciones se hicieron antes que terminara el partido. Va a ser un poco vergonzoso eso. Porque me imagino que hay entrega de premio y Zidane tendrá que dar la cara. Mejor que se haga el enfermo. Dolor de estómago, la clásica.

Gattuso festejó en calsoncillos. Se tiraba al césped de pechito en calsoncillos. Yeeee!!! Me cae bien Gattuso. Luego se tuvo que poner los shorts para recibir la medalla que entregaba Angela Merkel. Por cierto, dicen que la Merkel tiene un blog donde habla de fútbol. Lo he buscado pero no lo encuentro. Y Camoranesi se cortó la cola y le dedicó el campeonato a “los pibes del barrio”. Chevere, no? Yo pensaba que era chileno. Recién ayer me enteré que era argentino. Pero tiene más cara de chileno no?

La final la vi en mi casa. Los últimos partidos los he visto en mi casa. Ya estaba un poco harto del mundial y de ver los partidos en la calle. Me pasó algo así como cuando uno sale durante la semana y llega cansado al fin de semana y ya no quiere salir. O como cuando de tanto festejar uno pasa las 12 en año nuevo durmiendo de puro borracho. Pero bueno, luego del partido sí salí. Ganó Italia y quería pasarla con un amigo italiano, Nico.

Agarré mi bici, una chela que tenía en mi refri, y me fui para la Kastanienallee, una calle acá en Prenzlauer Berg donde se junta la gente. Estaba todo repleto. Banderas de Italia, Francia, y Alemania por todas partes. Estuve con Nico y otros amigos. Pero en una de esas me safe del grupo para ir a la bodega a comprar una cerveza y conocí a Mirko, un tipo del este de Alemania. Me quedé toda la noche conversando con Mirko.

A las 6am seguía conversando con Mirko en un Imbiss. Los Imbiss son como puestitos donde venden comida rápida en la calle y tienen mesitas. Es buena voz porque la comida y la cerveza son baratas. Estuvimos hablando de música, cine, política. Estabamos en un lugar céntrico, con el solcito y muchos turistas que paraban a comer y tomar algo. Como siempre, los estadounidenses los más marginados, los lorneados. No se les quiere por acá. Al Imbiss le hemos puesto el Imbiss Johnny Cash. Es que tocan toda la noche Johnny Cash! Y Mirko me dice que el ha ido varias veces en las últimas semanas y siempre igual, full Johnny Cash. Lo máximo. Tan taca tan taca tan taca tan!!!

Bueno, luego de ahí me fuí al Kaffee Burger, para no perder la costumbre. Este es el club de Wladimir Kaminer, un escritor ruso que vive en Berlín. Su libro Russian Disco es una buena introducción a Berlín. Y dentro del Kaffee me encontré nuevamente con Nico y otros amigos que también habían caido por ahí. Estaba un amigo francés tratando de afanar a otra francesa que tenía la camiseta de Zidane. Entonces lo molestaba diciéndole que ande con cuidado que no vaya a ser que le metan un cabezazo. Jajaja, la broma del momento pues.

Por otro lado también acabó el mundialito. Perú quedó en quinto lugar. Jugamos en cuartos de final con Bolivia y nos ganaron. Fue un partidazo. Empatamos 2 a 2 en el partido y perdimos en penales. Los pinches penales. La copa la ganó Kenia y fue entregada por el Pibe Valderrama. Luego se armó una fiesta en Kreuzberg. Ya no estuve por ahí. Me perdí también un par de partidos el Jueves porque estuve en Plataforma y los partidos eran a la misma hora.

El Jueves pasado invité a Plataforma a una chica de Laos que conocí a través de Dane. Posiblemente ella será deportada pronto de Alemania. La idea era ver posibilidades para que ella se pueda quedar. La cosa está difícil. Su caso es más o menos así. Llegó a Berlín de Laos como turista. Luego de unas semanas en Berlín se acercó a la policía, dijo que había perdido su pasaporte y todos sus documentos, y que era menor de edad. Entonces aplico como refugiada menor de edad y el gobierno Alemán le permitió quedarse en una casa para refugiados menores de edad.

La verdad es que ella tiene 22 años y sus papás la mandaron acá para que haga plata y mande a Laos. Ha vivido ya casi dos años acá en esta casa de refugiados, aprendió Alemán, va a la escuela, y es la tercera de su clase. Por alguna extraña razón el gobierno demoró casi dos años en darse cuenta que realmente ella no era menor de edad y ahora está por perder su estatus de refugiada, creo que en unos días. Lo que significa que luego viene la deportación. Ella podría quedarse como ilegal, casarse o hacer su caso público y volverlo político. Pero parece que ella prefiere regresar a Laos. No quiere optar por ninguna de estas opciones.

Estos son los momentos cruciales en la vida de una persona. Pero en el caso de esta chica ella es un poco como una niña. No sé si siempre fue así o porque durante el tiempo que ha estado acá la han tratado así, porque en los papeles era una niña pues. Entonces vive en un mundo muy reducido, casi ni conoce Berlín, siempre está en esta casa de refugiados con sus amiguitas viendo MTV, muchas de las cuales tampoco son en realidad menores de edad pero dicen serlo para poder quedarse. Un entreverado total. Pero bueno, aunque yo me quedaría si estuviera en su lugar, quién sabe que será lo mejor para ella.